miércoles, 18 de abril de 2018

El orden del día. Éric Viullard.

Pese a todo, la mayoría pasó la mañana arrimando el hombro, inmersa en esa gran mentira decente del trabajo, con esos pequeños gestos donde se concentra una verdad muda, decorosa, y donde toda la epopeya de nuestra existencia se reduce a una pantomima diligente.

La corrupción es una carga ineludible del presupuesto de las grandes empresas; recibe distintos nombres: lobbying, gratificación, financiación de partidos.

Esa renunión del 20 de febrero de 1933, que cabría calificar de momento único en la historia patronal, de compromiso inaudito con los nazis, para los Krupp, los Opel o los Siemens no es más que un episodio bastante habitual en el mundo de los negocios, una trivial recaudación de fondos. Todos ellos sobrevivirán al ´regimen y financiarán en el futuro a numerosos partidos a tenor de sus beneficios.

Y así, los veinticuatro no se llaman ni Schitzler, ni Witzleben, ni Schmitt, ni Finck, ni Rosterg, ni Heubel, como nos mueve creer el registro civil. Se llaman BASF, Bayer, Agfa, Opel Ig Farben, Siemens, Allianz, Telefunken. con esos nombres sí los conocemos. Es más, los conocemos muy bien. Están ahí, entre nosotros. Son nuestros coches, nuestras lavadoras, nuestros artículos de limpieza, nuestras radios despertadores, el seguro de nuestra casa, la pila de nuestros reloj. Están ahí, en todas partes, bajo la forma de cosas. Nuestra vida cotidiana es la suya. Cuidan de nosotros, nos visten, nos iluminan, nos transportan por las carreteras del mundo, nos arrullan. Y los veinticuatro sujetos presentes en el palacio del presidente del Reichstag, ese 20 de febrero, no son sino sus mandatarios, el clero de la gran industria; son los sacerdotes de Ptah. Y se mantienen allí impasibles, como veinticuatro calculadoras en las puertas del Infierno.

Nada peor que esas multitudes amargadas, esas milicias con sus brazaletes, sus insignias militares, una juventud atrapada en falsos dilemas que dilapida su furia en una espantosa aventura.

Si alzamos los andrajos repulsivos de la Historia, nos encontramos con lo siguientes: la jerarquía contra la igualdad y el orden contra la libertad.

El pensamiento verdadero es siempre secreto, desde el origen del mundo.

martes, 10 de abril de 2018

Los perros duros no bailan. Arturo Pérez-Reverte.

En los últimos tiempos, pensar me supone mucho esfuerzo. Mi cabeza ya no es lo que era. Las ideas y los recuerdos van y vienen, y las cicatrices viejas que tengo en el hocico, las patas y el lomo parecen volverse frescas. Envejezco, supongo.


-¿Y no echas de menos el campo? ¿Correr por ahí tras un conejo?
Sonrió, melancólico.
-Lo que echo de menos es mi juventud. Ser cachorro o perro joven creyendo que el mundo es tuyo.
-Y que los humanos son dioses buenos y leales.


No importaba cómo había vivido ni cómo había luchado, pensé. A pesar de su lealtad y coraje, ése era el premio que aguardaba a un gladiador vencido.


Un perro no es más que una lealtad en busca de una causa.

lunes, 5 de marzo de 2018

Nada sucio. Lorenzo Silva y Noemí Trujillo.

¿No puedes dormir? -le preguntó, de repente, Pau-. "¿Te estás bebiendo a solas el alma porque los dioses no están de su parte?"

-Sí, era un auténtico gilipollas. No sé qué vi en él.
-No viste nada. Sólo estabas sola.

domingo, 11 de febrero de 2018

El ruido de las cosas al caer. Juan Gabriel Vásquez.

- No me diga que se va a ir ahora. Entre y se toma el último joven, ya que estamos hablando tan rico.
- Es que yo tenía que irme, Ricardo.
- Uno no tiene sino que morirse.

...Y hablaban de intenciones y proyectos, convencidos, como sólo pueden estarlo los amantes nuevos, de que decir lo que uno quiere es lo mismo que decir quién es.

El mundo estalló. Estalló el ruido: el de los gritos, el de los tacones sobre los suelos de madera, el ruido que hacen los cuerpos que huyen.

Tantos lobos. Lorenzo Silva.

Ya hace tiempo que me consta que en el país al que sirvo se han perdido todas las referencias acerca de la gravedad o frivolidad de los asuntos. La culpa la tienen, supongo, un sistema de educación en caída libre, unos padre demasiado distraídos y unos líderes más ocupados en ocultar sus propias fechorías que en transmitir a los ciudadanos un ejemplo de congruencia.

Nunca terminaré de manejarme bien con la onomástica actual. En mi época sólo podía ponérsele cualquier nombre a un perro, lo de las personas eras lo que eran.

No puedo evitarlo. Me caen bien los jefes que saben de su mayor utilidad, a veces la única, es dejarse usar por sus subordinados.

viernes, 2 de febrero de 2018

Rendición. Rai Loriga

...Se obedece porque conviene y se duda porque se piensa. Y si una cosa salva la vida, la otra al parecer salva el alma.

Una vez que se admite que Dios no lo ha elegido a uno para nada extraordinario, se empieza a vivir de veras como se tiene que vivir, con los pies y las manos dentro de un círculo marcado en la arena, sin pisar más allá de lo que te toca ni querer coger lo que no es tuyo.

La gente hace como que le importa mucho lo de los otros pero no me creo que sea verdad, ni aquí ni en ningún otro sitio. Tampoco creo que les importe a los curas, para ser sincero, ni me parece posible que Dios nos conozca a todos por el nombre. En fin, que cuando se trata de lo que un hombre lleva en el corazón o en la cabeza, no hay más que un hombre al que le importe, y por eso desde muy chico decidí no andar por ahí contándole mis cosas a nadie. Ahora que ni siquiera yo era capaz de reconocer mis propias dudas, ni si sentía de veras esto o lo otro, me había quedado más solo que la una y más callado que mi pequeño Julio, pues supongo que él al menos hablaría para sí con la voz clara de su alma, algo que yo sin arme ni cuenta había dejado de hacer. Como si fuéramos dos que caminábamos juntos sin hablarnos.

...Jamás había soñado con llegar a estos extremos, con ser tan feliz frente a la adversidad, y sobre todo a mi pesar.

martes, 16 de enero de 2018

Recursos Inhumanos. Pierre Lemaitre.

Nunca he sido un hombre violento. No me viene a la memoria ningún momento en el que haya querido matar a nadie. Sí que he tenido ataques de ira de vez en cuando, pero nunca la voluntad real de hacer daño. De destruir. Así que, claro, estoy sorprendido. La violencia es como el alcohol o el sexo, no se trata de un fenómeno, es un proceso. entramos en ellos casi sin notarlo, simplemente porque estamos maduros, porque nos llegan en el momento justo. Me daba perfecta cuenta de que estaba enfadado, pero nunca habría imaginado que aquello se transformaría en furia despiadada. Y es eso lo que me da miedo.

Mehmet es "supervisor", y siguiendo un comportamiento vagamente darwiniano, cuando asciende pasa de inmediato a despreciar a sus antiguos compañeros y a considerarlos meras lombrices. Me he encontrado muchas veces con eso en mi carrera, y no solo entre trabajadores inmigrantes. Lo he visto en mucha gente que venía de abajo, de hecho. En cuanto progresan, se identifican con sus superiores con una convicción tal que los superiores no se atreverían a soñar. Es el Síndorme de Estocolmo aplicado al mundo laboral.