¿Cómo convencer a unos gobernantes iletrados y gañanes de que nuestra capacidad para manejar la lengua condiciona directamente la calidad de nuestro pensamiento, no digamos la comprensión de lo complejo? ¿De que cuanto peor la conozcamos y usemos, más tontos seremos? ¿Cómo hacer ver a una gran parte de la sociedad —la irremisiblemente idiotizada— que la Filosofía y la Literatura son lo que nos convierte en personas, en vez de en seres simples y embrutecidos llenos de información y de aparatos tecnológicos con los que —ay— hacer el chorras?
viernes, 23 de mayo de 2025
martes, 6 de mayo de 2025
Las fuerzas contrarias. Lorenzo Silva.
Lo vi dudar. Lo vi sufrir... era uno de esos idiotas que se creen lo que dicen creer.
Todos acarreamos en nuestro interior a los varios o los muchos que hemos sido, de todos ellos se alimentan nuestras fortalezas y nuestras debilidades.
A veces la vida se presenta así. Inapelable. Y sólo queda acatarla.
Nos habíamos hecho a tenerlo todo controlado, a que los problemas fueran predecibles, o más bien a la ilusión de que lo eran. Esto nos devuelve a lo que de verdad somos: un milagro que se sostiene en la incertidumbre.
Qué razón tenía quien dijo que las palabras son poderosas, y que cuando son las justas llegan al fondo y obligan a quien las escucha a pensar en lo importante.
lunes, 21 de abril de 2025
Los hermanos Karamázov. Fiódor M. Dostoievskii.
En cuanto, sumido seriamente
en sus meditaciones, llegó al convencimiento de que la inmortalidad y Dios
existen, acto seguido se dijo con naturalidad: <<Quiero vivir para la inmortalidad
y no aceptaré el compromiso de una solución a medias.>> Exactamente de la
misma manera, si hubiese llegado a la conclusión de que la inmortalidad y Dios
no existen, en el acto se habría hecho ateo y socialista (pues el socialismo no
es sólo la cuestión obrera o del denominado cuarto estado, sino que es, de
preferencia, el problema de la encarnación moderna del ateísmo, el problema de
la torre de Babel, que se edificaba precisamente sin Dios, no para alcanzar el
cielo dese la tierra, sino para traerlo a ella).
Se trata de que, en
general, el liberalismo europeo, y hasta nuestro diletantismo liberal ruso, con
frecuencia y desde hace mucho confunden los resultados finales del socialismo
con los del cristianismo. Esta conclusión es absurda, es ciertamente, un rasgo
característico. Por lo demás, el socialismo y el cristianismo los confunden,
según resulta, no sólo los liberales y los diletantes, sino también en muchos
casos los gendarmes, es decir, los gendarmes extranjeros, se comprende… No hace
más de cinco días, en cierta tertulia de nuestra ciudad, en la que predominaban
las señoras, manifestó solemnemente a lo largo de una discusión que en toda la
tierra no había nada en absoluto que moviese a los hombres a amar a sus semejantes,
que esto era ley de la naturaleza: que eso de que el hombre ame a la humanidad
no existe en absoluto y que si hasta ahora ha habido amor en la tierra, eso no
se debe a una ley natural, sino únicamente a que los hombres creían en su inmortalidad.
Iván Fiodorovich añadió, entre paréntesis, que en esto reside toda la ley
natural, de tal modo que, si destruís en el género humano la fe en su inmortalidad,
inmediatamente desaparecerá no sólo el amor, sino cualquier fuerza viva capaz
de prolongar la vida universal. Más todavía: entonces no habrá ya nada inmoral,
todo será permitido, hasta la antropofagia. Y por si esto era poco, terminó afirmando
que para cada individuo, por ejemplo, nosotros, que no cree ni en Dios ni en su
inmortalidad, la ley moral de la naturaleza debe convertirse inmediatamente en
el extremo opuesto de lo anterior, de la moral religiosa, y que el egoísmo e
incluso el crimen no sólo deber ser permitido, sino que ha ser considerado en
su situación como la salida necesaria, la más racional y casi la más noble…
¿Acaso está usted convencido, en efecto, de que la desaparición en los hombre
de la fe en la inmortalidad del alma tendría esas consecuencias? Sí, así lo afirmé.
Si no hay inmortalidad, no hay virtud.
Pero, sin embargo, di:
¿hay Dios o no? ¡Pero en serio! Ahora necesito que se me hable en serio.
-No, no hay Dios.
-¿Hay Dios, Aliosha?
-Sí que lo hay.
-Y la inmortalidad,
Iván, ¿hay inmortalidad, aunque sea pequeña, la más reducida?
-Tampoco hay inmortalidad.
-¿Ninguna?
-Ninguna.
-Es decir, un cero
perfecto o la nada. ¿No habrá algo? Porque, a pesar de todo, eso de que no haya
nada…
-Un cero perfecto.
-Aliosha, ¿existe la
inmortalidad?
-Sí, Dios y la
inmortalidad, La inmortalidad está en Dios.
-Hum. Lo más probable
es que Iván tenga razón. ¡Dios mío, si nos paramos a pensar lo que el hombre ha
dado a la fe, cuántas energías ha perdido en este sueño, y eso durante tantos
miles de años! ¿Quién se burla así del hombre? ¿Qué me dices, Iván? Por última
vez y decididamente: ¿hay Dios o no? ¡Te o pregunto por última vez!
-Y por última vez,
no.
-¿Quién se burla así
de los hombres, Iván?
-Debe de ser el
diablo -sonrió irónicamente Iván Fiodorovich.
-¿Es que existe el
diablo?
-NO, tampoco existe.
-Es una lástima.
¡Demonios! ¡No sé lo que después de esto haría con el primero que inventó a Dios!
Sería poco ahorcarle en un miserable pino.
-Si no hubiesen inventado
a Dios, no habría civilización alguna.
-¿Qué no la habría
sin Dios?
-No, y coñac tampoco.
Y el coñac, después de todo, a usted le gusta.
Recuerda siempre,
joven, que la ciencia mundana, unida en una gran fuerza, ha roto, sobre todo en
el último siglo, todo cuanto desde el cielo se nos mandaba en los libros
sagrados, y después de un cruel análisis en los sabios de este mundo no ha
quedado absolutamente nada de lo anterior. Pero examinaron las partes, sin
advertir el conjunto, siendo digna de admiración su ceguera.
No es que niegue a
Dios, compréndelo, lo que no acepto ni quiero aceptar es el mundo por él
creado, el mundo de Dios.
Quieres ir al mundo y
vas con las manos vacías, con una promesa de libertad que ellos, en su simpleza
y su natural inclinación al desorden, no pueden comprender siquiera, que les
infunde temor y espanto, pues para el hombre y la sociedad humana no hubo nunca
nada ni más insoportable que la libertad… <<Es mejor que nos esclavicéis
y nos deis de comer>>. Comprenderán, por fin, ellos mismos que la
libertad y el pan terrenal en abundancia para cada uno son cosas inconcebibles,
pues nunca, nunca sabrán repartirlos entre sí. Se convencerán también de que
tampoco pueden ser nunca libres, porque son débiles, viciosos, insignificantes y
rebeldes. Tú les prometiste el pan de los cielos, pero, lo repito, ¿puede ese
pan compararse a los ojos del género humano, débil, eternamente vicioso y
eternamente ingrato, con el pan de la tierra?
Sólo domina la
libertad de los hombres quien tranquiliza sus conciencias… Sin una noción firme
de para qué ha de vivir, el hombre no aceptará la vida y antes se aniquilará
que seguir en la tierra, aunque a su alrededor todo fuesen panes… ¿O has
olvidado que la tranquilidad y hasta la muerte so para el hombre preferibles a
la libre elección en el conocimiento del bien y el mal? Para el hombre no hay nada
más seductor que la libertad de su conciencia, pero tampoco hay nada más
doloroso… ¿Y quién hizo esto? ¡Aquél que vino para dar por ellos su vida! En
vez de dominar la libertad humana, tú la multiplicaste y abrumaste por los
siglos de los siglos con sus sufrimientos el resino espiritual del hombre…
¿acaso no pensaste que acabaría por rechazar y poner en duda hasta tu imagen y
tu verdad si lo oprimían con una carga tan terrible como la libertad de
elección?... ¿Hay tres fuerzas, tres únicas fuerzas en la tierra capaces de
vencer y cautivar para siempre la conciencia de estos débiles rebeldes, para su
felicidad? Son: el milagro, el misterio y la autoridad… Inquietud, confusión y
desdicha: ¡tal es la suerte actual de los hombres después de que tú sufriste tanto
por su libertad!
Así hicimos nosotros.
Corregimos tu empresa y la asentamos sobre el milagro, el misterio y la
autoridad. Y los hombres se mostraron jubilosos de que de nuevo los condujesen
como a un rebaño y que de sus corazones hubiese sido quitado, por fin, un don
tan terrible y que les había causado tantos tormentos. Di, ¿teníamos razón al
enseñar y hacer esto? ¿Es que no amábamos a la humanidad al reconocer tan
humildemente su impotencia, al aliviar con amor su carga y autorizar a la débil
naturaleza hasta a pecar, pero con autorización nuestra débil naturaleza hasta
a pecar, pero con autorización nuestra? ¿A qué vienes ahora a mostrarnos? ¿Y
por qué me miras en silencio y de manera tan penetrante con tus tímidos ojos?
Irrítate, no quiero tu amor, porque tampoco yo te amo. ¿Por qué me voy a
ocultar de ti? ¿es que no sé con quién hablo? Lo que tengo que decirte lo sabes
ya todo, lo leo en tus ojos. Además, ¿te oculto nuestro secreto? Acaso quieras
oírlo precisamente de mis labios; pues bien, escucha: no estamos contigo, sin
con él, ¡ese es nuestro secreto! Hace mucho que no estamos contigo, sino
con él, hace ya ocho siglos. Hace justamente ocho siglos que tomamos de
él lo que tú rechazaras indignado, el último don que te ofrecía al mostrarte todo
los reinos de la tierra: tomamos de él Roma y la espada del César y nos
declaramos simples reyes de la tierra, reyes únicos, aunque hasta ahora no
hayamos podido llevar nuestra empresa hasta su completo término… ¿quién está
llamado a dominar a los hombres sino aquellos que dominan su conciencia y que
tienen su pan en las manos?
El mundo ha proclamado
la libertad, particularmente en los últimos tiempos, ¿y qué vemos en esa
libertad? ¡Sólo esclavitud y el suicidio! Porque el mundo dice: <<Tienes
necesidades y debes satisfacerlas, puesto que tienes los mismos derechos que
los más nobles y ricos. No temas satisfacerlas, mutiplícalas.>> Tal es la
actual doctrina del mundo. Ahí es donde ven la libertad. ¿Y qué resulta de este
derecho a multiplicar las necesidades? En los ricos, el aislamiento y el suicidio
espiritual, y en los pobres, la envidia y el crimen, porque los derechos se los
han dado, pero sin indicar los medios de satisfacer las necesidades. Aseguran
que conforme pasa el tiempo el mundo se une más, se integra en una comunidad
fraternal al reducirse las distancias y transmitir las ideas por el aire. ¡Oh!,
no creáis en tal unión de los hombres. Al comprender la libertad como multiplicación
y rápida satisfacción de las necesidades, adulteran su naturaleza, pues dan
origen a muchos deseos absurdos y estúpidos, a las más necias costumbres e
invenciones. Tan sólo viven para envidiarse unos a otros, para la lujuria y la
presunción.
Los celosos son los
que más pronto perdonan, y eso lo saben todas las mujeres. El celoso, por
ejemplo, es capaz de perdonar con extraordinaria rapidez (se comprende, después
de una terrible escena) la tradición casi demostrada, los abrazos y besos que
él mismo ha visto, y, por ejemplo, llega a persuadirse d que esto fue <<la
última vez>> de que su rival
desparecerá en aquel momento, se irá al fin del mundo, o de que él mismo se la
va a llevar a un sitio donde el terrible rival no podrá presentarse nunca. Se comprende
que la reconciliación no durará más de una hora, porque aun en el caso de que
el rival haya desaparecido realmente, el día siguiente él inventará a otro y
tendrá celos de este otro. Podría preguntarse, ¿qué hay en ese amor cuando
tanto hay que vigilarlo? ¿Qué vale ese amor? Pero esto no lo comprenderá nunca
el verdadero celoso, y eso que entre ellos hay personas incluso de corazón elevado.
Hay personas profundamente
sensibles, pero oprimidos por el ambiente. Las bufonadas son en ellas como una
rencorosa ironía contra quienes no se atreven a decir la verdad a la cara por
la larga y humillante timidez a que se han visto sometidos.
A mí me atormenta Dios.
Es lo único que me atormenta. ¿Y si no existe? ¿Y si tiene razón Rakitin en que
se trata de una idea artificial entre los hombres? Entonces, si no existe, el
hombre es el amo de la tierra, del Universo. ¡Magnífico! Pero ¿cómo podrá ser
virtuoso sin Dios? ¡Ese es el problema!
En cuanto la humanidad
renuncie toda ella a Dios (y creo que se llegará a esto, paralelamente a los períodos
geológicos), de por sí, sin recurrir a la antropofagia, caerá toda la anterior
concepción del mundo y, lo que es más importante, toda la antigua moral, y todo
será nuevo. Los hombres se unirán para tomar de la vida cuanto ésta puede
darles, pero, eso sí, para la felicidad y la alegría en este mundo únicamente. El
hombre se exaltará con el espíritu de un orgullo divino, titánico, y aparecerá
el Hombre Dios. Al vencer a cada hora, ya sin límites, a la naturaleza, merced
a su voluntad y a la ciencia, el hombre sentirá, también a cada hora, un placer
tan sublime, que reemplazará en él todas las esperanzas en los placeres del cielo.
Cada uno sabrá que ha de morir del todo, sin resurrección, y aceptará la muerte
con serenidad y orgullo, como un dios. El orgullo le hará comprender que no
debe quejarse de que la vida es un instante, y amará a su hermano sin pensar en
la recompensa. El amor satisfará tan sólo un instante de la vida, pero ya la
conciencia de su instantaneidad avivará su fuego en la misma medida en que
antes se disipaba la esperanza en un amor de ultratumba e infinito.
jueves, 6 de febrero de 2025
Circe. Madeline Miller.
Esto es algo que comparten los dioses y los mortales: cuando somos jóvenes, pensamos que hemos sido los primero en el mundo que hemos tenido cada sentimiento que existe.
Es posible domesticar a una serpiente para que coma de tu mano, pero nadie le va a quitar nunca el gusto por morder.
- Tu esposa parece una mujer inteligente.
-
Así es. No le encuentro explicación al hecho de que se casase conmigo, pero,
como redunda en mi beneficio, procuro no llamar su atención sobre ello.
-
La guerra siempre me ha parecido una opción absurda para los humanos. Ganen lo
que ganen con ella, sólo tendrán un puñado de años para disfrutarlo antes de
morir. Y lo más probable es que perezcan en el intento.
-
Bueno, está la cuestión de la gloria. Pero ojalá hubiera podido hablar con
nuestro general. Podrían habernos ahorrado un montón de problemas.
-
¿Por qué razón luchabais?
-
A ver si recuerdo la lista. – Comenzó a contar con los dedos-. Venganza,
lujuria, soberbia, avaricia, poder… ¿Qué me dejo? Ah, sí, vanidad y rencor.
Quizá ningún progenitor sea capaz de ver realmente a sus hijos. Cuando los miramos vemos únicamente el reflejo de nuestros propios defectos.
lunes, 27 de enero de 2025
Invictus. William Ernest Henley.
Más allá de la noche que me cubre
negra como el abismo insondable,
doy gracias a los dioses que pudieran existir
por mi alma invicta.
En las azarosas garras de las circunstancias
nunca me he lamentado ni he pestañeado.
Sometido a los golpes del destino
mi cabeza está ensangrentada, pero erguida.
Más allá de este lugar de cólera y lágrimas
donde yace el horror de la sombra,
la amenaza de los años
me encuentra, y me encontrará, sin miedo.
No importa cuán estrecho sea el portal,
cuán cargada de castigos la sentencia,
soy el amo de mi destino;
soy el capitán de mi alma.
El amor después del amor. Dereck Walcott.
Un tiempo vendrá
en el que, con gran alegría,
te saludarás a ti mismo,
al tú que llega a tu puerta,
al que ves en tu espejo
y cada uno sonreirá a la bienvenida del otro,
y dirá, siéntate aquí. Come.
Seguirás amando al extraño que fuiste tú mismo.
Ofrece vino, Ofrece pan. Devuelve tu amor
a ti mismo, al extraño que te amó
toda tu vida, a quien no has conocido
para conocer a otro corazón
que te conoce de memoria.
Recoge las cartas del escritorio,
las fotografías, las desesperadas líneas,
despega tu imagen del espejo.
Siéntate. Celebra tu vida”.
Hojas de hierba. Lleno de vida ahora. Walt Whitman
Lleno de vida, ahora concreto, visible,
yo, de cuarenta años, en el octogésimo tercero de
los Estados,
a alguien que vivirá dentro de un siglo, o después
de cierto número de siglos,
A ti que todavía no has nacido, te buscan estos
versos.
Cuando los leas, yo, que era visible, seré
invisible.
Ahora eres tú, concreto, visible, quien los lee,
quien los busca,
imaginando qué feliz serías si yo estuviera
contigo y fuera tu camarada;
haz como si yo estuviese contigo. (No creas
demasiado que no estoy ahora junto a ti).
