lunes, 20 de febrero de 2017

El diablo enamorado. Jacques Cazzote

Querría enseñarte a amar como yo, y estarías, por ese sentimiento solo, por encima de todos tus semejantes; pero el orgullo humano aspira a otros goces. La inquietud natural no le permite disfrutar de una felicidad sino puede prever una mayor en perspectiva.

sábado, 18 de febrero de 2017

Tres días y una vida. Pierre Lemaitre.

El también se sentía lejos de aquel mundo, distinto, más moderno, y el pueblo le parecía viejo, inmovilista y estrecho de miras, lo odiaba.

Le costaba invocar el recuerdo de aquella gente... parecían conservar una vigencia absoluta. Como si el pueblo y su propia vida, pasados los años, siguieran siendo el patio de recreo.

domingo, 5 de febrero de 2017

La sonrisa de la Gioconda. Aldous Huxley.

Juanita: ¿Por qué eres tan cínico, Enrique?
Enrique: Porque me gozo en los placeres de una conciencia tranquila. El cinismo no es más que una sencilla confesión sin arrepentimiento. Se reconocen los propios pecados y así se libra uno de la desagradable necesidad de la ocultación y de la hipocresía; pero habiéndolos confesado ni se arrepiente uno ni se enmienda.

Es muy fácil ser heroico en una crisis. Lo difícil es llegar a serlo a medias en tiempos normales.

Esto es lo que hace al hombre moderno tan estúpidamente pretencioso. Vive en un horrible universillo de fabricación casera y cree que ha conquistado el Universo de Dios. Pero el hombre no ha conquistado nada, simplemente ha cambiado las condiciones de la batalla.

Se puede luchar contra la malicia. Pero contra la estupidez bien intencionada...

Hemos vivido bajo cristales. Contemplamos el lado desagradable de la vida, sin que nos roce. Estamos protegidos por un muro de dinero y privilegio. Es transparente pero fuerte. Nos encontramos a salvo. Pero algunas veces se rompe el cristal y entonces nos horrorizamos por lo que se nos viene encima, nos quedamos abrumados.

La vida ha de vivirse hacia delante, pero sólo puede comprenderse en retrospectiva. Por eso creo que hacemos los descubrimientos importantes demasiado tarde.



lunes, 16 de enero de 2017

Patria. Fernando Aramburu.

...Y es lo único para lo que yo quiero que haya infierno, para que los asesinos continúen cumpliendo allí su condena eterna.

...En esta tierra nuestra la verdad murió hace mucho tiempo.

¿Otro requiebro? Sin duda merecido. Era guapa, con un punto de madurez: mi tipo. Ni vieja ni niña. Mujer en su sazón, con sus primera arrugas en los bordes de los párpados que aún la hacían más atractiva por el componente adicional de la experiencia en los asuntos terrenales, cuando todavía no hay derrotismo/resignación, pero aún salud, provisión de esperanzas, alegría...

Pero un hombre puede ser un barco. Un hombre puede ser un barco con el casco de acero. Luego pasan los años y se forman grietas. Por ellas entra el  agua de la nostalgia, contamina la soledad, y el agua de la conciencia de haberse equivocado y la de no poder poner remedio al error, y esa agua que corroe tanto, la del arrepentimiento que se siente y no se dice por miedo, por vergüenza, por no quedar mal con los compañeros. Y así el hombre, ya barco registrado, se irá a pique en cualquier momento.

Exacto. Porque soy tan cobarde como él y como tantos otros que a estas horas, en mi pueblo, estarán diciendo bajito para que no les oigan: esto es una salvajada, un derramamiento inútil de sangre, así no se construye una patria. Pero nadie moverá un dedo. A estas horas ya habrán limpiado la calle con una manguera para que no quede rastro del crimen. Y mañana habrá murmullos en el aire, pero en el fondo todo seguirá idugal. La gente acudirá a la siguiente manifestación en favor de ETA, sabiendo que conviene dejarse ver en la manada. Es el tributo que se paga para vivir con tranquilidad en el país de los callados.

Asimismo escribí en contra del crimen perpetrado con excusa política, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, en nombre de una patria donde un puñado de gente armada, con el vergonzoso apoyo de un sector de la sociedad, decide quién pertenece a dicha patria y quién debe abandonarla o desaparecer. Escribí sin odio contra el lenguaje del odio y contra la desmemoria y el olvido tramado por quienes tratan de inventarse una historia al servicio de su proyecto y sus convicciones totalitarias.

Además, el terrorismo de ETA no sirve para atacar a la derecha. Para eso es mucho mejor la guerra civil.

domingo, 8 de enero de 2017

La carne. Rosa Montero.

La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor.

Demasiada ira es como demasiado alcohol, produce una intoxicación que te hace perder lucidez y criterio.

Ser maldito es saber que tu discurso no puede tener eco, porque no ha oídos que lleguen a entenderte. En esto se parece a la locura -soltó de repente Soledad-. Ser maldito es no coincidir con tu tiempo, con tu clase, con tu entorno, con tu lengua, con la cultura a la que se supone que perteneces. Ser maldito es desear ser como los demás pero no poder. Y querer que te quieran pero sólo producir miedo o quizá risa. Ser maltido es no soportar la vida y sobre todo no soportarse a sí mismo.

...Lo importante no es lo que se tiene, sino lo que se añora.

Ahora Soledad acababa de cumplir sesenta años y se preguntaba en qué se le habían ido. Había llegado a esa edad en la que su biografía era irreversible. Ya no podría ser otra cosa, ya no podría hacer otra cosa con su vida. Ah, si hubiera sabido que iba a ser vieja y que se iba a morir, habría vivido de otra manera. Pero antes lo ignoraba. Es decir, nunca lo supo de este modo verdadero e irremediable. Y ahora ya era tarde.

La última vez que hacía el amor, la última vez que subías una montaña, la última vez que recorrías al trote el parque del retiro. El tiempo tictaqueaba inexorablemente hacía la destrucción final, como una bomba.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Falcó. Arturo Pérez-Reverte.



...La certeza de moverse a sus anchas por un pasaje hostil, desolado como la vida misma con la confortable sensación de que nada propio se dejaba atrás y nada había por delante lo bastante terrible como para refrenarle a uno el paso. Aquéllas eran la libertad y la independencia totales, sin pasado ni futuro; con la memoria, los bolsillos, la mente, vacíos de todo lo prescindible, liberados hasta la pulcritud absoluta de cuanto no era útil para la inmediata supervivencia.

jueves, 17 de noviembre de 2016

El Intocable. John Banville.

-Sí, cometió el error de creer que para ser convincente hay que adoptar una falsa apariencia.

Me pregunto qué habrá sido de él, y si sobrevivió a la guerra. Tengo la impresión de que no. Era de esos clásicos personajes secundarios en los que los dioses ponen a prueba sus espadas antes de ocuparse de los Héctores y Agamenones.

...Nunca he sabido comportarme en presencia del dolor ajeno.

La incertidumbre y la angustia que causa, la expectación casi sexual- ¿ahora?, ¿será ahora?, ¿es ahora?- y la permanente sensación febril, horrorizada, de que todo está a punto de cambar de un modo completo, que lo hará irreconocible, y para siempre. Eso es lo que supone estar verdadera, horrible, jubilosamente vivo, bajo el resplandor de magnesio del terror más intenso.

Subí la escalera hasta mi apartamento y me pareció que mis pies se habían vuelto de plomo y mi corazón de piedra. Sin duda, el propio Odiseo, de regreso de la guerra, debió de haber experimentado un momento parecido de extraño pavor ante el umbral de su casa.

Cuesta distinguir entre ideologías opuestas. El capital es daltónico.

¿Por qué los jóvenes creen siempre que es mejor que los viejos estén muertos?