domingo, 28 de febrero de 2016

El nombre de la rosa. Umberto Eco.

El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda.

domingo, 21 de febrero de 2016

El extranjero. Albert Campus.

Como siempre que siento deseos de librarme de alguien a quien apenas escucho, puse cara de aprobación.

El día concluía y era la hora de la que no quiero hablar, la hora sin nombre, en la que los ruidos de la noche subían desde todos los pisos de la cárcel en un cortejo de silencio.

Cuando hubo terminado, se dirigió a mí llamándome "amigo mío"; si more hablaba así no era porque estuviera condenado a muerte, según su opinión  estábamos todos condenados a muerte. Pero lo interrumpí diciéndole que no era la misma cosa y que, por otra parte, en ningún caso podía ser un consuelo. "Es cierto", asintió, "pero usted morirá más tarde si no muere pronto. El mismo problema se le planteará entonces...

Uno hace lo que no quiere hacer cuando se enamora y lo disfraza de propia iniciativa, aunque en el fondo sólo sea renuncia.



miércoles, 17 de febrero de 2016

Lágrimas en la lluvia. Rosa Montero.

"Era una de las pocas ventajas que tenía ser distinta: era despreciada por ello, pero también temida".

"Demasiado angustiada para pensar. Demasiado llena de muerte para quedarse sola".

"La soledad era peor que el encierro, peor que el sadismo de los compañeros del orfanato, peor que los golpes y las heridas, incluso peor que el miedo. Nopal se había quedado completamente solo a los nueve años, y la soledad absoluta era una experiencia inhumana y aterradora".

"Octavio Augusto se convirtió en el primer emperador romano porque la República le otorgó inmensos poderes, ¿y  por qué hizo eso la República, por qué se suicidó para dar paso al imperio? Tácito lo explicaba así: Cuncta fessa. Que quiere decir: Todo el mundo está cansado. En cansancio ante la inseguridad política y social es lo que llevó a Roma a perder sus derechos y sus libertades. El miedo provoca hambre de autoritarismo en las personas".

"Un mundo íntimo recargado y secreto en el que coincidían. Eso era el amor, en realidad: tener a alguien con quien poder compartir tus rarezas".

..."Cuánto lucía la miseria de la gente en cuanto las cosas empezaban a ir mal".

"Sé que la realidad es compleja y contradictoria y que hay que gestionarla también desde las sombras. Pero esa verdad última tiene que permanecer limpia y pura, para que la gente no se desilusione. Para proteger a todas esas personas sencillas que no entienden que las sombras existen".


lunes, 15 de febrero de 2016

Arthur Hugo. No digas que es inútil la lucha.

" No digas que es inútil la lucha,
que las heridas y el esfuerzo son en vano,
que el enemigo no ceja ni desfallece
y que todo seguirá como siempre.
Si fue falsa la esperanza, los temores también pueden mentir.
Tal vez tras ese humo lejano, ocultos
ahora mismo tus camaradas persigan al adversario en retirada
y, pese a tu escepticismo, resulten dueños del campo de batalla.
Pues aunque aquí las olas exhaustas rompan
sin que parezcan ganar un palmo,
por allá la marea inunda bahías y ensenadas
avanzando en silencio. "

miércoles, 13 de enero de 2016

Cicatriz. Sara Mesa.

Siempre me río de los que afirman defender a las minorías, puesto que la primera minoría es el individuo. El grupo apareja inevitablemente un precio moral e intelectual que, una vez que se paga, jamás puede recuperarse. El mal es el grupo en sí. El sentido de pertenencia a un grupo siempre genera violencia. Hay algunos que piensan que, para evitarlo, la solución es que el grupo se amplíe lo más posible. Pero otros creemos que para ir por la vida no hace falta ningún paraguas. Vamos mucho mejor solos.

Detesto ese tono triturador con el que algunos hombres hablan de las mujeres, como si estuvieran en la guerra y, en nombre de la patria, presumiesen de haber matado a alguien, pero también odio esa visión del sexo como algo falsamente lúdico, un juego propio de la modernidad, como el rafting o el puenting.

Cuando se te ofende un poco despliegas una gran dignidad. Cuando se te ofende medianamente, tratas tú de ofender. Cuando se te ofende mucho, sueles callar. Así es como funcionas.

Echar de menos un instante es echar de menos a aquél que éramos entonces.

sábado, 9 de enero de 2016

sábado, 2 de enero de 2016

Contigo en la distancia. Carla Guelfenbein.

A su lado estaba a salvo del efecto que causaba en los otros, protegido de mí mismo, de mis desánimos y mis miedos A su lado todo era factible, y ella, con sus certezas y su forma práctica de mirar la vida, me lo confirmaba.

Poseía una de esas bellezas llamativa, que en una mujer menos misteriosa no me habría causado curiosidad. Tenía la teoría en ese entonces de que la excesiva belleza, tanto en hombres como en mujeres, había que estos construyeran su vida alrededor de esta vana característica, volviéndolos con el tiempo personas indolentes y poco interesantes.

Después de tantos años, cuando intento reconstituir lo que ocurrió a continuación, me doy cuenta de que los hechos, tal cual acontecieron, están distorsionados por las múltiples versiones que Vera y yo recreamos de ellos a lo largo del tiempo, cargándolos de subjetividad y de una pátina de romanticismo que sin duda no tuvieron. Hay momentos así. Momentos que con el tiempo se transforman en fábulas compartidas. Los reconstituimos con el fin de acomodarlos a nuestra historia y transformarlos en algo que podemos atesorar.

Sólo quería saber cómo sonaba tu nombre cuando ella lo escuchaba -respondió sonrojándose. Me miró con sus ojos negros tras los cuales parecía vivir algo indomable y triste.

Durante los días que siguieron traté de reconstituir en mi memoria el contacto de su piel contra la mía, su textura, recordar la presión que había ejercido, la tibieza que se había filtrado en mí como una luz que a través de una puerta clausurada enciende tenuemente un cuarto que ha permanecido en la oscuridad.

Ahí estábamos, Julián durmiendo en la que hasta hacía algunas semanas había sido mi cama, ella y yo amándonos en silencio, y sentí una alegría en cuya tela estaba entretejida la ansiedad y la tristeza de saber cuán efímero era todo, cuán frágil.

Lo decía con altivez, como si en el mundo donde ella vivía, en las alturas de la abstracción, esas banalidades fueran un insulto, haciéndome sentir miserable y vulgar con mis inquisiciones.

Mi mujer, la misma con quien había compartido una parte importante de mi vida, había guardado dentro de sí un ser secreto. Pero ¿no era siempre así al fin y al cabo? Siempre queda una zona inescrutable, un espacio donde anidan los sentimientos más bajo, un territorio oscuro, que muchas veces no es visible ni a nuestros propios ojos, porque de verlo, el delicado andamiaje que hemos construido a lo largo de nuestras vidas se vendría abajo de golpe.

Una de ellas, a pesar de un leve aspecto gastado, resultaba incluso atractiva.

No tenía la seguridad de que estas revelaciones, que llegaban con su ambigua claridad, fueran auténticas. Pero necesitaba salir de la penumbra y me aferré a ellas como un creyente a una verdad suprema.
Algo inédito se estaba iniciando en mí. Y para que ello sucediera había tenido que morir un poco, había tenido que pasar por esa tierra de nadie donde no hay vida, ni aire, ni esperanza. Esa es la naturaleza de los comienzos y recién en ese instante lo descubría.

Ya lo enunciaban los griegos: la memoria se ancla en los lugares para poder sobrevivir. Sitios que el alma crea para poder guardar sus recuerdos.