martes, 28 de junio de 2022

Nadie es inocente. Ramón de España.

- ¿Cómo puedes estar tan tranquilo?

- Porque he hecho lo que tenía que hacer. He demostrado los peligros que puede correr el Poder cuando pretende controlar a la Cultura. Creo que he conseguido enterrar definitivamente, además, el concepto de Modernidad. No está mal, ¿verdad?

- Poder, Cultura, Modernidad… El señor sólo habla de conceptos, la gente le tiene sin cuidado…

- No me apetece moverme a ras de suelo.

- Pues es la única manera posible de vivir, imbécil.

- Te estás crispando, Laura. Trátame con un poco más de respeto, haz el favor.

- ¿Sabes cuál es tu problema, Víctor?; que te das más importancia de la que tienes. Te creíste el inventor de la Modernidad. Tu siguiente papel tenía que ser el de destructor de la Modernidad. ¿Pero qué le importa a nadie la Modernidad, el Poder, la Cultura y todas esas cosas de las que hablas, mamarracho? ¡Sólo te importan a ti porque eres incapaz de vivir como una persona normal! ¡Eres incapaz de querer a alguien, de tirar adelante entre la porquería que nos rodea! ¡Tus tendencias destructivas son pataletas de niño mimado que ha visto cómo el mundo no era lo que él esperaba, trucos para ocultar tu impotencia vital…!

- Qué bien hablas, Laura, me sorprendes…

- No me interrumpas, imbécil… Si tanto asco te da todo, ¿por qué no te suicidabas y dejabas a los demás en paz? No, el señor no podía suicidarse. A lo mejor es imposible. ¡Igual te pegas un tiro y no la diñas porque eres Dios! ¡Enhorabuena si lo eres! Pero ahí fuera nadie es Dios. La gente nace, vive, se enamora, tiene hijos, muere… Eso es lo que hay. Viven ajenos a tus puñeteros conceptos y a tu moralina de mierda. Y eso te molesta. Por eso tú, el Gran Hombre, has tenido que ponerles en su sitio.

viernes, 17 de junio de 2022

Las letras entornadas. Fernando Aramburu.

Por lo regular, los padres admiten sin reservas que sus hijos se ejerciten en el manejo de los números. Les parece bien que agreguen al idioma vernáculo el conocimiento de otros. Que sepan un poco de animales, de leyes físicas, de Grecia y Roma. Que brinquen y corran al compás de un silbato. Pero… ¿leer a la fuerza un libro de literatura, el Quijote y esas cosas? Ah no, eso sí que no, pues no faltaba más. Leer a la fuerza es una aberración. Hasta los mismos escritores de ahora lo dicen cuando se arrancan a opinar en los periódicos.

La imposición de la lectura, por sí sola, no hace lectores, de la misma manera que un niño arrojado al mar no se convierte al instante en nadador. Sin embargo, es innegable que una vez dentro del agua aumentan las posibilidades de aprender a nadar. 

El exceso de bienestar, quién lo ignora, estimula la indisciplina y la pereza. Se me hace a mí que la causa principal que aparta hoy día a tantos niños de la lectura de libros no es la televisión, como se afirma con frecuencia. Más culpa les hallo en la demasiada comodidad y las panzas repletas. 

Escribí, eso sí, de propósito contra los hombres que infieren sufrimiento a otros hombre y contra, quienes aplauden sus acciones criminales o las justifican, las trivializan o les restan importancia. Y escribí contra ellos por la vía de mostrarlos, mediante recursos narrativos a mi alcance, en sus hechos y sus palabras. Escribí contra sus excusas políticas, encaminadas a bruñir con una capa de presunto heroísmo lo que no es sino la aspiración de construirse un paraíso social con sangre ajena. Escribí sin odio contra las formas verbales destinadas a propalar el odio, alimento básico del terrorista. Y escribí contra el olvido calculado tras el cual acecha el futuro revisionista, el borrador profesional de huellas, el manipulador de los datos, el negador venidero de cuento ocurrió. 

El mayor infortunio del hombre, afirmaba, es creerse eterno. Si se resignara a la obviedad de que su existencia dura un rato cósmico no sería menos triste que ahora, pero se tomaría la vida con menor desasosiego, sin menospreciarla por insustancial y transitoria. No tendría necesidad de inventarse espíritus, almas y demás artilugios vagarosos que hacen de él la criatura más imbuida de soberbia y más egoísta despiadada que ha producido la naturaleza. El hombre quiere salvarse a cualquier precio. Con fanatismo paranoico aspira a prolongar su existencia singular en realidades superiores. Domicilia estas en reinos mentales, donde es él (en versión incorpórea, pero a fin de cuentas él otra vez) el beneficiado de un magnífico alojamiento eterno. No es exactamente el alma lo que se salva, sino su alma. Y puesto a domiciliar aquellos reinos sin dolor, sin oscuridad y sin muerte, los sitúa también en la Tierra. El hombre gusta de proyectarse en la nación, en el idioma, en los usos culturales y las esperanzas colectiva que le son familiares. Para inmortalizarse con su conciencia plena de sí mismo, aspira a arrebatarle al tiempo el decorado done transcurrió su vida. En consecuencia, lo defiende con apasionado tesón, emprendiendo guerras si es preciso, en la esperanza de perpetuar en él la memoria de su persona y de sus obras. De ahí que tome por adversarios a quienes contradicen, atacan o desmontan aquellas frágiles construcciones en las cuales él desea persistir después de muerto. Yo sé, concluyó, que nada ni nadie perdura más allá de un limitado tramo temporal. Mencionar hoy a Calígula o a Virgilio, cuya lengua ya nadie habla, no supone ni en broma que conserven una miaja de inmortalidad.

No es raro que medien años entre la lectura anterior y la actual. En tal lapso un número indeterminado de obras habrá colmado de experiencias literarias nuestra intimidad. De entonces acá es difícil que nuestro gusto e intereses no hayan variado. Aunque seamos la misma persona que no para de pensar y de pensarse, somos quieras que no, un lector distinto. La relectura lo demuestra sin tapujos al actualizar, a la par que el contenido del libro, un cúmulo de impresiones que este nos suscitó en su día, poniendo así de relieve los cambios que con el paso de los años se han ido operando en nuestra manera personal de entender e interpretar los textos. Releer es, por tanto, también una forma de conversar con el propio pasado. Y, por supuesto, de reparar los desgarrones que le infiere el olvido a la memoria. Toda relectura convida por fuerza a la profundidad.

Y es que, sin que nos demos cuenta, los libros nos leen mientras nosotros los leemos. Se dijera que se acuerdan de nosotros cuando los reabrimos, que nos reconocen y nos restituyen partes, a menudo olvidadas, de nuestra identidad.

El empleo público de la lengua comporta un recurso de intervención en la sociedad. La lengua, así vista, es pues susceptible de ser empleada como instrumento político. Dominarla permite dominar las mentes sobre la que es capaz de ejercer su influjo. La lengua es poder. De ahí la necesidad de censura que tienen las tiranías; de ahí también el empeño de los gobernantes demócratas por domeñar los escritores mediante el reparto de premios, subvenciones y privilegios.

A estas horas hay siete mil millones de yoes humanos inhalando oxígeno en el planeta. ¿A quién le preocupa el pequeño ruido de cascabel que pueda hacer el mío?

Yo sospecho que vivía resignado a la infelicidad de no tener a nadie con quien compartir las actividades que realmente lo apasionaban.

sábado, 4 de junio de 2022

Nadie por delante. Lorenzo Silva.

El hecho de que fueran sólo militares profesionales los que vivían en primera línea por nosotros nos ha llevado a confundir vivir en paz con vivir en retaguardia. Hay una guerra, no ha dejado de haberla y en ella se sigue dirimiendo el curso de la historia y se moldea el mundo. Lo único que ocurre es que la inmensa mayoría de nosotros la miramos desde demasiado lejos para sentirnos interpelados.

Quien nada teme no puede tener el coraje y la cabeza necesarios para conjurar el peligro.

Ahora es el turno de esos chavales que se quedan allí para ofrecerle la cara al viento enfurecido. El viejo guerrillero no se hace ilusiones: aunque finja a veces que amaina, está al acecho y volverá a ponerse duro, mientras los humanos no aprendan lo que no parecen querer aprender. 

lunes, 11 de abril de 2022

La ruta infinita. José Calvo Poyato

"—Iba a decirte que envidiosos y cobardes, que jamás serían capaces de embarcar para bajar por ese río, quitarán importancia a lo que hemos hecho. Dirán que no es para tanto, que sólo nos guiaba el deseo de enriquecernos. No se referirán a los sufrimientos y penalidades soportados estos tres años. Pero tú y yo, y todos esos que ahora duermen y roncan, sabemos que hemos hecho algo grande que dará lustre a nuestra nación."

sábado, 26 de marzo de 2022

Las aventuras de Ulises. Giovanni Nucci.

... el engaño más grande de todos era la guerra en sí. Porque siempre hay una mentira detrás del motivo por el que se hacen las guerras.

miércoles, 23 de marzo de 2022

Sodoma y Gomorra. Marcel Proust.

"En ese juego del escondite que se juega encarnizadamente en la memoria cuando se quiere encontrar un nombre no hay una serie de aproximaciones graduales. No se ve nada, hasta que, de repente, aparece el nombre exacto y muy diferente de lo que se creía adivinar. No es que el nombre haya venido a nosotros. No, más bien creo que a medida que vamos viviendo, pasamos el tiempo en alejarnos de la zona donde un nombre se dibuja bien distinto, y si yo, de repente, atravesé la oscuridad y vi claro, fue por un ejercicio de mi voluntad y de mi atención, que aumentaba la acuidad de mi mirada interior. En todo caso, si hay transiciones entre el olvido y el recuerdo, son transiciones inconscientes. Pues los nombres de etapa por los que pasamos antes de encontrar el nombre verdadero son falsos, y no nos acercan en nada a él. En rigor, ni siquiera son nombres, si no, muchas veces, simples consonantes"

"«Pero usted es igual que nosotros, si no mejor», parecían decir los Guermantes en todos sus actos; y lo decían de la manera más gentil que puede imaginarse, para ser queridos, admirados, pero no creídos; distinguir el carácter ficticio de esta amabilidad es lo que ellos llamaban estar mal educado; creer que era real, eso era mala educación."

"pasado el tiempo, las diferencias sociales y aun las individuales se funden en la uniformidad de una época."

"un hombre de gran talento prestará menos atención que un tonto a la tontería de otro."

"Aunque sólo sea por atavismo, por semejanzas familiares, es inevitable que el tío sermoneador tenga aproximadamente los mismos defectos que el sobrino al que le han dado la misión de amonestar. Y lo hace sin ninguna hipocresía, porque le engaña esa facultad que los hombres tienen de creer, en cada nueva circunstancia, que se trata de «otra cosa», facultad que les permite adoptar errores artísticos, políticos, etc., sin darse cuenta de que son los mismos que, hace diez años, tuvieron ellos por verdades a propósito de otra escuela de pintura que condenaban, de otra cuestión política que se creían en el deber de odiar, de la que han renegado y a la que luego se adhieren sin reconocerla bajo un nuevo disfraz."

"En realidad, siempre descubrimos a posteriori que nuestros adversarios tenían una razón para ser del partido a que pertenecen y que no es por lo que en ese partido puede haber de justo, y que a los que piensan como nosotros les ha llevado a ello la inteligencia si su naturaleza moral es demasiado baja para poder invocarla, o la rectitud si su penetración es escasa."

"el más peligroso de todos los recelos es el de la culpa misma en el ánimo del culpable. El conocimiento permanente que tiene de ella le impide suponer lo ignorada que es generalmente, lo fácil que se creería una mentira completa, y darse cuenta, en cambio, de en qué grado de verdad comienza para los demás la confesión en las palabras que él cree inocentes."

"Porque a las perturbaciones de la memoria están ligadas las intermitencias del corazón. Sin duda es la existencia de nuestro cuerpo, semejante para nosotros a un vaso en el que estuviera nuestra espiritualidad, lo que nos induce a suponer que todos nuestros bienes interiores, nuestros goces pasados, todos nuestros dolores están perpetuamente en nuestra posesión. Acaso es también inexacto creer que se van o vuelven. En todo caso, si permanecen en nosotros es, generalmente, en un dominio desconocido donde no nos sirven de nada y donde hasta las más usuales son repelidas por recuerdos de orden diferente y que excluyen toda simultaneidad con ellas en la conciencia. Pero si volvemos a dominar el cuadro de sensaciones donde se conservan, tienen a su vez el mismo poder de expulsar todo lo que les es incompatible, de instalar, sólo en nosotros, el yo que las vivió."

"no supe contener unas palabras impacientes y molestas que —lo noté en una contracción de su cara— la hirieron; y ahora que ya era imposible para siempre el consuelo de mis besos, era a mí a quien herían aquellas palabras. Pero ya nunca podría borrar aquella contracción de su rostro y aquel dolor de su corazón, o más bien del mío; pues como los muertos ya no existen sino en nosotros, es a nosotros mismos a quienes herimos sin tregua cuando queremos recordar los golpes que en vida les asestamos."

"Sin embargo, como el instinto de conservación, la ingeniosidad de la inteligencia para preservarnos del dolor, comenzaban ya a poner sobre las ruinas todavía humeantes, los primeros cimientos de su obra útil y nefasta, saboreaba yo demasiado la dulzura de recordar tales o cuales juicios del ser querido, de evocarlos como si todavía pudiera pronunciarlos, como si existiera, como si yo siguiera existiendo para ella. Pero en cuanto logré dormirme, a aquella hora, más real, en que mis ojos se cerraron a las cosas de fuera, el mundo del sueño (en cuyo umbral la inteligencia y la voluntad, momentáneamente paralizadas, no podían ya librarme de la crueldad de mis impresiones verdaderas), reflejó, refractó la dolorosa síntesis, por fin restablecida, de la supervivencia y del no ser, en la profundidad orgánica y ahora traslúcida de las vísceras misteriosamente iluminadas."

"las personas, a medida que las vamos conociendo, son como un metal sumergido en un líquido que le ataca: se ve cómo pierden poco a poco sus cualidades (y a veces sus defectos)."

"Cada vez que hablaba de estética, sus glándulas salivares, como las de algunos animales en la época del celo, entraban en una fase de tal hipersecreción que la boca desdentada de la anciana señora dejaba pasar a la comisura de los labios, ligeramente bigotudos, unas gotas cuyo sitio no era aquél."

"el efecto del alcohol trazaba una línea que casaba el deseo con la acción. Se acabaron la duda y el miedo."

"La mirra es el perfume de las nubes, pero también de Protógonos, de Neptuno, de Nerea, de Leto; el incienso es el perfume del mar, pero también el de la bella Diquea, de Temis, de Circe, de las nueve musas Eos, de Mnemosine, del día, de Dikayosuné. En cuanto al estoraque, el"

"¿quién de nosotros, al despertar, no ha sentido cierta desilusión por haber experimentado, dormido, un placer que, una vez despierto, no podemos renovar indefinidamente"

"quizá porque la otra vida, aquella en que dormimos, no está —en su parte profunda— sometida a la categoría del tiempo."

"El ser que yo seré después de la muerte no tiene más razones para acordarse del hombre que yo soy desde mi nacimiento que éste para acordarse de lo que fui antes de él."

"me asustaba pensar que este sueño tuvo la nitidez del conocimiento. ¿Tendría el conocimiento, recíprocamente, la irrealidad del sueño?"

"es raro que el sueño ponga así en la vida despierta unos recuerdos que no mueren con él."

"Los niños, al hacerse mayores, recuerdan con rencor a los que han sido malos para ellos."

"En el desorden de las nieblas de la noche que arrastraban aún sus jirones rosados y azules sobre las aguas sembradas de los restos de nácar de la aurora, pasaban unos barcos sonriendo a la luz oblicua que teñía de amarillo sus velas y la punta del bauprés como cuando vienen de arribada al anochecer: escena imaginaria, entelerida y desierta, pura evocación del poniente, pero sin apoyarse, como el atardecer, en la sucesión de las horas del día que yo tenía costumbre de verle preceder, escena tenue, interpolada, más inconsistente todavía que la horrible imagen de Montjouvain que no lograba anular, cubrir, esconder —poética y vana imagen del recuerdo y del sueño."