martes, 29 de diciembre de 2020

Macbeth. William Shakespeare.

 "¿Qué tres cosas provoca especialmente la bebida?

Pues, señor, nariz roja, sueño y orina. Señor, provoca y desprovoca la lujuria: provoca el deseo, pero impide gozarlo. Por tanto, se puede decir que beber demasiado le crea un equívoco a la lujuria: la hace y la deshace, la excita y la aplaca, la anima y la abate, la pone a su altura y no la pone. Al final, el equívoco se va al sueño y te deja tumbado."


"No se goza, todo es pérdida si el deseo se logra, pero no contenta. Siempre es más seguro ser lo que se mata que tras esa muerte vivir dicha falsa."


"La despreocupación, lo sabéis ya, es la gran enemiga de un mortal.


Debería haber muerto más tarde.

Habría habido tiempo para semejante palabra.

Mañana y mañana y mañana,

se desliza con pasos apacibles un día tras otro,

hasta la última sílaba del tiempo que podemos recordar,

y todos nuestros ayeres han alumbrado a los necios,

el camino a la polvorienta muerte.

¡Apágate, apágate, vela efímera!

La vida no es más que una sombra andante,

un pobre actor que se pavonea y se retuerce,

sobre la escena en su momento y después,

nadie lo recuerda. Es un cuento contado,

por un idiota, lleno de ruido y furia,

que no significa nada.

sábado, 26 de diciembre de 2020

Paraíso inhabitado. Ana María Matute

"... y aún hoy me asalta de cuando en cuando, devolviéndome sombras que acaso no desaparezcan jamás de mi memoria. Tal vez la infancia es más larga que la vida."

 

"Y eso para mí fue un gran asombro: había gente en el mundo que no sabía leer. ¡Qué desgraciados debían de sentirse!"

 

"Y entonces sentí un gran deseo de comunicar la paz o la felicidad, esa peligrosa palabra que no debe pronunciarse y que de pronto había llegado a mí. Pero sólo se me ocurrió apretarle la mano. Lo hice una sola vez, y casi al instante él me devolvió el apretón: y lo hizo dos veces. Los dos mirábamos hacia el cielo casi blanco, y con otro apretón de manos volví a decirle que le quería. Me respondió de la misma forma. Creo que nunca, ni antes ni después, he mantenido con nadie una conversación más íntima, más explícita. Ni tan bella."

miércoles, 16 de diciembre de 2020

Crimen y Castigo. Fiódor Dostoyevski.

"El hombre honrado y sensible se entrega fácilmente a las confidencias, y el hombre de negocios las recoge para aprovecharse."

 

"¿Cómo puedes exigir de mí un heroísmo del que tú seguramente no eres capaz?"

 

 "Los primeros en intervenir fueron los socialistas, que expusieron su teoría. Todos la conocemos: el crimen es una protesta contra una organización social defectuosa. Esto es todo, y no admiten ninguna otra razón, absolutamente ninguna (...) —No, no admiten otra causa (...) O sea que si la sociedad estuviera bien organizada, no se cometerían crímenes, pues nadie sentiría el deseo de protestar y todos los hombres llegarían a ser justos. No tienen en cuenta la naturaleza: la eliminan, no existe para ellos. No ven una humanidad que se desarrolla mediante una progresión histórica y viva, para producir al fin una sociedad normal, sino que suponen un sistema social que surge de la cabeza de un matemático y que, en un abrir y cerrar de ojos, organiza la sociedad y la hace justa y perfecta antes de que se inicie ningún proceso histórico. De aquí su odio instintivo a la historia. Dicen de ella que es un amasijo de horrores y absurdos, que todo lo explica de una manera absurda."

 

 "La primera categoría se compone de hombres conservadores, prudentes, que viven en la obediencia, porque esta obediencia los encanta. Y a mí me parece que están obligados a obedecer, pues éste es su papel en la vida y ellos no ven nada humillante en desempeñarlo. En la segunda categoría, todos faltan a las leyes, o, por lo menos, todos tienden a violarlas por todos sus medios. Naturalmente, los crímenes cometidos por estos últimos son relativos y diversos. En la mayoría de los casos, estos hombres reclaman, con distintas fórmulas, la destrucción del orden establecido, en provecho de un mundo mejor. Y, para conseguir el triunfo de sus ideas, pasan si es preciso sobre montones de cadáveres y ríos de sangre. Mi opinión es que pueden permitirse obrar así; pero…, que quede esto bien claro…, teniendo en cuenta la clase e importancia de sus ideas. Sólo en este sentido hablo en mi artículo del derecho de esos hombres a cometer crímenes. (...) La masa no les reconoce nunca ese derecho y los decapita o los ahorca, dicho en términos generales, con lo que cumple del modo más radical su papel conservador, en el que se mantiene hasta el día en que generaciones futuras de esta misma masa erigen estatuas a los ajusticiados y crean un culto en torno de ellos…, dicho en términos generales. Los hombres de la primera categoría son dueños del presente; los de la segunda del porvenir. La primera conserva el mundo, multiplicando a la humanidad; la segunda empuja al universo para conducirlo hacia sus fines. Las dos tienen su razón de existir (...) A pesar de su tendencia innata a la obediencia, muchos de ellos, llevados de un natural alocado que se encuentra incluso entre las vacas, se consideran hombres de vanguardia, destructores llamados a exponer ideas nuevas, y lo creen con toda sinceridad. Estos hombres no distinguen a los verdaderos innovadores y suelen despreciarlos, considerándolos espíritus mezquinos y atrasados (...) Sólo surge un hombre de genio entre millones de individuos, y millares de millones de hombres pasan sobre la corteza terrestre antes de que aparezca una de esas inteligencias capaces de cambiar la faz del mundo."

 

 "Acaso aquel proceder obedecía a ese orgullo que en determinadas circunstancias, y especialmente en las ceremonias públicas ineludibles para todas las clases sociales, impulsa a los pobres a realizar un supremo esfuerzo y sacrificar sus últimos recursos solamente para hacer las cosas tan bien como los demás y no dar pábulo a comadreos."

 

 "Es la ley humana. La ley, Sonia, y nada más. Y ahora sé que quien es dueño de su voluntad y posee una inteligencia poderosa consigue fácilmente imponerse a los demás hombres; que el más osado es el que más razón tiene a los ojos ajenos; que quien desafía a los hombres y los desprecia conquista su respeto y llega a ser su legislador."

 

 "si uno quiere juzgar a los hombres con imparcialidad, debe desechar ciertas ideas preconcebidas y de tipo único y olvidar los hábitos que adquirimos de las personas que nos rodean."

 

 "Nada hay en el mundo más difícil de mantener que la franqueza ni nada más cómodo que la adulación."

 

 "la lisonja, por burda que sea nos hace creer siempre que encierra una parte de verdad. Esto es así para todas las esferas sociales y todos los grados de la cultura. Incluso la más pura vestal es sensible a la adulación. De la gente vulgar no hablemos."

 

 "Sin duda, he cometido un acto ilícito; he violado las leyes y he derramado sangre. ¡Pues cortadme la cabeza, y asunto concluido! Pero en este caso, no pocos bienhechores de la humanidad que se adueñaron del poder en vez de heredarlo desde el principio de su carrera debieron ser entregados al suplicio. Lo que ocurre es que estos hombres consiguieron llevar a cabo sus proyectos; llegaron hasta el fin de su camino y su éxito justificó sus actos."

martes, 24 de noviembre de 2020

Consummatum est. César Pérez Gellida.

 

"Nuestro mundo solo se rige por una única verdad. Normalmente, lo que parece es simplemente eso: lo que parece que es."

 

 "... todos asentíamos, pues nos dábamos cuenta de que la vida es un asesino insobornable."

 

 "Las preguntas y respuestas están en los libros, al alcance de la mano de todo el mundo, pero la gente prefiere mirar hacia otro lado. Es más fácil. Respirar, alimentarse, reproducirse y morir, a eso se reduce la vida del ser humano: sobrevivir".

martes, 10 de noviembre de 2020

El invierno en Lisboa. Antonio Muñoz Molina.

Constantemente la música me acuciaba hacia la revelación de un recuerdo, calles abandonadas en la noche, un resplandor de focos al otro lado de las esquinas, sobre fachadas con columnas y terraplenes de derribos, hombres que huían y que se perseguían alargados por sus sombras, con revólveres y sombreros calados y grandes abrigos como el de Biralbo.

Pero ese recuerdo que me agravaron la soledad y la música no pertenece a mi vida, estoy seguro, sino a una película que tal vez vi en la infancia y cuyo título nunca llegaré a saber.

 

No me has mirado aún –dijo-. Todavía no has querido mirarme.

-No he hecho otra cosa desde que me llamaste. Antes de verte ya te estaba imaginando.

-No quiero que me imagines. –Lucrecia se puso un cigarrillo en los labios y lo encendió sin esperar a que él le diera luego-. Quiero que me veas. Mírame: no soy la misma de entonces, no soy la que estaba en Berlín y te escribía cartas.

-Me gustas más ahora. Eres más real que nunca.

-No te das cuenta. –Lucrecia lo miró con la melancolía de quien mira a un enfermo-. No te das cuenta de que el tiempo ha pasado. No una semana ni un mes, tres años enteros, Santiago, hace tres años que me fui. Dime cuántos días estuvimos juntos. Dímelo.

-Dime tú por qué has querido que viniéramos al Lady Bird.

Pero esa pregunta no le fue respondida. Lucrecia le dio lentamente la espalda y caminó hacia el teléfono con las manos hundidas en los bolsillos de su chaquetón, como si le hubiera dado frío. Biralbo la oyó pedir un taxi, la miró sin moverse mientras ella le decía adiós desde la puerta del Lady Bird. De un extremo a otro del bar, en el espacio entre sus dos miradas, percibió como una bofetada lentísima el tamaño y la oscuridad del abismo vacío que por primera vez era capaz de medir, que hasta aquello noche y aquella conversación ni siquiera había vislumbrado. Tapó el piano, lavó las copas en el fregadero, apagó las luces. Cuando al salir a la calle bajó la cortina metálica del Lady Bird le extrañó que el dolor no hubiera llegado todavía.

 

…como todo el que ha vivido absorto en una pasión excesiva le sorprendía descubrir que otros tuvieran notifica de lo que para él había sido un estado íntimo de su conciencia.

 

-Qué raro leer esas cartas de hace tanto tiempo.

-¿Por qué querías que las trajera?

-Para saber cómo era yo entonces.

-Pero en ellas nunca me contabas la verdad.

-Ésa era la única verdad: lo que yo te contaba. Mi vida real era mentira.

martes, 27 de octubre de 2020

Línea de fuego. Arturo Pérez-Reverte.

Contemplándolo con súbita piedad -siempre imaginó a los fascistas vivos y de otra manera-, Pato considera que en ese mismo instante, en algún lugar lejano, tal vez haya una madre, una hermana, una novia que despiertan pensando en él sin saber que está muerto.

 

... fuera los comunistas, en España no hay revolucionarios de verdad; sobran consignas huecas y falta sentido científico para el socialismo, en una nación fácil para la algarada, el arrebato, el heroísmo inútil y el ejercicio animal de la barbarie, pero refractaría a ser mandada por nadie. Para buena parte de los españoles de izquierdas, dar órdenes o acatarlas sin debate previo son actos fascistas. La prueba es que, antes del golpe de Franco, el sindicato que más afiliados tenía eran los anarquistas de la CNT.

 

-¿Por qué eres comunista, camarada Patricia?

Tarda la joven en responder. Oír su nombre en boca de ese hombre casi desconocido le produce una inseguridad extraña. Y en cierto modo, placentera.

-Porque es el único patido español casi completamente obrero -responde tras un momento-. Y eso supone trabajo, disciplina, eficacia, heroísmo silencioso...

-Y poca democracia.

-La democracia está sobrevalorada -afirma ella con calor-. Sólo es una forma de gobierno en la que cada cuatro años se cambia de tirano.

-Sí, ya sé... Se la defiende hasta que deja de ser necesaria. Una simple fase previa a la dictadura del proletariado.

 

Les Forques siente un doble orgullo: estar de regreso en su tierra y hacerlo en combate, ganado cada paso con esfuerzo y peligros. Demostrando a los separatistas de la Generalidad -esa gentuza oportunista e infame- que no todos los catalanes son esclavos sumisos o chusma enloquecida por el desvarío marxista; y también al resto de españoles, incluido el generalísimo Franco, que pese al viejo pistolerismo, el Alzamiento fracasado, las turbas en armas y las checas donde se tortura y se asesina, hay otra Cataluña noble, leal, que no se rinde y lucha. Que está dispuesta a borrar con su sangre, al fin, la desconfianza que un apellido catalán, hablar la lengua catalana, ha infiltrado en el corazón de tantos españoles que, mal informados, miden a todos con el mismo rasero. Por eso es tan importante el Tercio de Montserrat, piensa. Por lo que simboliza y retribuye.

 

Todos nacieron de una mujer, igual que de un momento a otro pueden morir a manos de un hombre. Y esa hembra estremecida de dolor, gritando y sollozando mientras la vieja y el practicante se afanan para uqe alumbre lo que lleva en sus entrañas, les cuenta su propia historia y la de las mujeres y niños a los que aman, amaron o amarán. Es el más antiguo rito humano el que compite ahora con la muerte: con lo que espera arriba en cuanto acabe la tregua que todos parecen acatar, pues no suenan disparos, y la noche y la guerra, en su breve y engañosa calma, concedan un aliento a la vida.

 

... en aquella República agria y triste en la que con tal de seguir en el poder, los políticos de Madrid pagaban a los separatistas con trozos de España.

 

-Los hombres se han batido como jabatos -dice-. Ahora se creen a salvo por una temporada, después de la machada que hicieron.

Le sostiene Pardeiro la mirada, inquisitivo.

-¿Y?

-Bueno, nada... Que va a pedirles que vuelvan ahí abajo.

-A ordenarles, sargento.

El joven ha remarcado la graduación. Pestañea ligeramente el otro.

-Sí, claro, mi alférez. A ordenarles que vuelvan a combatir.

-Son legionarios, ¿no?

-Por supuesto. Gruñirán por lo bajo, pero nadie va a protestar en voz alta. De eso me encargo yo... Aunque debería usted decirles algo.

Se frota Pardeiro la nariz.

-Algo, dice.

-Sí.

-¿Como qué?

-Pues no sé... El oficial es usted.

-Supón que el oficial fueras tú.

Los piensa Vladimiro.

-Cualquier cosa -concluye- que no los haga sentirse simple carne de cañón.


Cualquier hombre lúcido necesita un testigo, imagino. Y si ese testigo es una mujer, mejor todavía... Hay cosas que sólo están en vosotras.

-¿Qué cosas?

-Aprobación o sanción. No hay medalla, no ha premio comparable a eso, cuando ocurre. Ni condena tan inapelable, en el caso opuesto.


Los sucesos de Barcelona me hicieron pensar mucho -comenta el inglés-. Estuve viendo cómo se mataban entre sí, y comprendí que esa enfermedad tiene difícil curación. A veces pienso, y me aterra pensarlo, que sólo un dictador salido de un bando u otro controlaría esto. Y el que lo haga, sea quien sea, rojo o azul, lo sumirá todo en un baño de sangre. Incluso después de vencer, prolongará durante algún tiempo la carnicería.

(...)

¿Sabes lo que me dijo en Barcelona un viejo comunista, de ésos irreductibles?

-No.

-Cuando esto acabe, dijo, ajustaremos cuentas con los de Franco, pero también con traidores a la República como Companys, Aguirre y algunos otros. Los mismos a los que fusilarían los fascistas, los fusilaremos nosotros. Pasarán algunos años hasta que todo esté como debe estar... Nivelado, fue la palabra que usó.

(...)

-Y sin embargo, son gente maravillosa -dice Vivian.

-Lo son -acuerda Tabb-. Por eso duele verlos luchar morir de esta manera. TAn bárbaramente inocentes, tan orgullosos.

-Tan bravos y tenaces.

-Sí. Italia está de rodillas bajo el payaso de Mussolini, Alemania es un siniestro autómata del partido nazi, las democracias europeas miran hacia otro lado con Hitler y con Stalin, y hasta en Gran Bretaña se impone un fascismo de guante blanco...

-También mis compatriotas estadounidenses se creen a salvo, como si nada fuera con ellos.

(...)

A veces pienso que los españoles son los únicos lúcidos -dice-. Comprenden que lo práctico de una guerra civil es que uno sabe a quién mata. Por eso no se han doblegado, no transigen y luchan la batalla que otros no se atreven a dar o no creen necesaria... Dan una lección a un mundo al que no parece importar que la biblia del futuro sea Mein Kampf. Por eso, con todos sus defectos y desastres, admiro tanto a estos analfabetos, orgullosos, desorientados, irreductible hijos de puta.

viernes, 23 de octubre de 2020

Recuerdos de la guerra de España. George Orwell.

 "En las masas, los extraordinarios cambios de opinión que hay en la actualidad, las emociones que se pueden abrir y cerrar como un grifo, son un efecto de la hipnosis que producen la prensa y la radio. En los intelectuales, yo diría que son efecto del dinero y de la seguridad personal pura y simple."


 "Pero lo que me llamó mucho la atención por aquellas fechas, y sigue llamándomela desde entonces, es que los individuos se creen las atrocidades o no se las creen basándose única y exclusivamente en sus inclinaciones políticas. Todos se creen las atrocidades del enemigo y no dan crédito a las que se cuentan del bando propio, sin molestarse en analizar las pruebas."


"En realidad vi que la historia se estaba escribiendo no desde el punto de vista de lo que había ocurrido, sino desde el punto de vista de lo que tenía que haber ocurrido según las distintas «líneas de partido»."


"Hay que recordar esto si se quiere enfocar con objetividad la guerra civil española. Cuando se piensa en la crueldad, miseria e inutilidad de la guerra —y en este caso concreto, en las intrigas, las persecuciones, las mentiras y los malentendidos— siempre es una tentación decir: «Los dos bandos son igual de malos; me declaro neutral». En la práctica, sin embargo, no se puede ser neutral, y difícilmente se encontrará una guerra en la que carezca de importancia quién resulte vencedor, pues un bando casi siempre tiende a apostar por el progreso, mientras que el otro es más o menos reaccionario. El odio que la República española suscitó en los millonarios, los duques, los cardenales, los señoritos, los espadones y demás bastaría por sí solo para saber lo que se cocía. En esencia fue una guerra de clases. Si se hubiera ganado, se habría fortalecido la causa de la gente corriente del mundo entero; pero se perdió y los inversores de todo el mundo se frotaron las manos. Esto fue lo que sucedió en el fondo. Lo demás no fue más que espuma de superficie."


"El resultado de la guerra civil española se determinó en Londres, en París, en Roma, en Berlín, pero no en España. Después del verano de 1937, los que veían las cosas tal y como eran se dieron cuenta de que el gobierno no podría ganar la guerra si no se producía un cambio radical en el escenario internacional. Si Negrín y los demás decidieron proseguir la lucha se debió en parte a que esperaban que la guerra mundial que estalló en 1939 lo hubiera hecho en 1938".


"La desunión del bando republicano, de la que tanto se habló, no estuvo entre las causas fundamentales de la derrota. Las milicias populares se organizaron deprisa y corriendo, estaban mal armadas y hubo falta de imaginación en sus planteamientos militares, pera nada habría sido diferente si se hubiera alcanzado un acuerdo político global desde el principio."


"En cuanto a los rusos, sus motivos en relación con la guerra española son completamente inescrutables. ¿Intervinieron en ella, como creían los izquierdosos, para defender la democracia y frustrar los planes nazis? En ese caso, ¿por qué intervinieron a una escala tan ridícula y al final dejaron a España en la estacada? ¿O intervinieron, como sostenían los católicos, para promover la revolución? En ese caso, ¿por qué hicieron todo lo posible por abortar todos los movimientos revolucionarios, por defender la propiedad privada y por ceder el poder a la clase media y no a la clase trabajadora? ¿O intervinieron, como sugerían los troskistas, únicamente con intención de impedir una revolución en España? En ese caso, ¿por qué no apoyaron a Franco?"


"De todos modos, la guerra civil española puso de manifiesto que los nazis, a diferencia de sus oponentes, sabían lo que se traían entre manos. La guerra se libró a un nivel tecnológico bajo y su estrategia fundamental fue muy sencilla: el bando que tuviera armas, vencería. Los nazis y los italianos dieron armas a sus aliados españoles, mientras que las democracias occidentales y los rusos no hicieron lo propio con los que deberían haber sido sus aliados."

 

"Si fue justo o no animar a los españoles a seguir luchando cuando ya no podían vencer, como hicieron todos los izquierdistas extranjeros, es una pregunta que no tiene fácil respuesta. Incluso yo pensaba que era justo, porque creía que es mejor, incluso desde el punto de vista de la supervivencia, luchar y ser conquistado que rendirse sin luchar. No podemos juzgar todavía los resultados de la magna estrategia de la lucha contra el fascismo. Los ejércitos andrajosos y desarmados de la II República resistieron durante dos años y medio, mucho más, indudablemente, de lo que esperaban sus enemigos. Pero no sabemos aún si de ese modo alteraron los planes fascistas o si, por el contrario, se limitaron a posponer la gran guerra y a dar a los nazis más tiempo para calentar los motores de su maquinaria bélica."