miércoles, 13 de diciembre de 2023

Monsieur Proust. Céleste Albaret.

Había momentos en que, aún sin parar de hablar, se evadía. Yo lo percibía en sus ojos. Monsieur Proust poseía esta extraña facultad: el don de desparecer mientras su boca continuaba el relato. Y después, con igual brusquedad, su mirada volvía y se posaba de nuevo sobre ti, y era como si le sorprendiera tu presencia. Paraba de hablar un momento, perplejo, y después decía:

-Ah, sí, estábamos diciendo que…

Y el relato continuaba allí donde lo había interrumpido un instante antes. Pero había existido un paréntesis de vacilación, como si la mitad de él hubiera seguido hablando mientras la otra se evadía, y, al regresar esta última, hubieran sido necesarios unos segundos para permitir que las dos mitades volvieran a unirse.

 

Si lo piensa un poco, Céleste, se dará cuenta de que es verdad. Al principio, en los matrimonios reina el amor. Después la vida se impone, y sólo quedan lazos de conveniencia. Sin embargo, hay matrimonios que duran para siempre: por el cariño, por una necesidad más fuerte que todo de seguir juntos, por el gran afecto que nace de la recíproca comprensión.

 

Un día que le pregunté si había vuelto a Illiers más tarde, me respondió:

-No, nunca.

-¿Y eso por qué, Monsieur?

-Porque, Céleste, los paraísos perdidos sólo se encuentran dentro de uno mismo.

 

… a fuerza de mirar, de observar, uno acaba por interesarse en las relaciones y, como los sabios, a través de las relaciones, con reflexión, se llegan a descubrir las leyes… Si no hay memoria, no se puede comparar, y sólo comparando se llega a completar el pensamiento.

 

La verdad de la vida está en la observación y la memoria. Si no, se limita a pasar. He puesto toda mi observación y toda mi memoria en mis personajes, para que sean verdaderos. Para ser verdaderos, tienen que estar completos. Por eso a cada uno le he vestido y peinado a base de los detalles el recuerdo de tantos otros a los que he observado a lo largo de mi vida.

jueves, 30 de noviembre de 2023

Guerra y Paz. Lév Tolstói.

Nunca, nunca te cases, amigo mío, este es mi consejo, no te cases hasta que no te digas a ti mismo que has hecho todo lo que puede ser hecho, y hasta que no dejes de amar a la mujer que has elegido, hasta que no la veas claramente; o te equivocarás cruel e irreparablemente. Cásate cuando seas un viejo inútil… Si no morirá todo lo que en ti es bueno y elevado. Todo se desvanecerá en menudencia. ¡Sí, sí, sí! No me mires con esa sorpresa. Si espera algo de ti mismo en el futuro, a cada paso te darás cuenta de que todo ha terminado para ti, que todas las puertas se te han cerrado, excepto la del saloncito en el que estarás al mismo nivel que un criado y un idiota. ¡Eso es todo!

 

Necesito valor para la batalla,

Pero aún más para afrontar tus lágrimas,

Quiero conquistar los laureles del héroe,

Para depositarlos a tus pies.

 

Decía que sólo existen dos causas  de los vicios humanos: la holganza y la superstición, y que sólo existen dos virtudes: la actividad y la inteligencia.

 

- Yo no puedo opionar de tal modo -respondió fríamente el príncipe Bolkonski-. Antes que un filósofo soy un hombre y por eso parto.

- Querido mío, es uste un héroe -dijo Bilibin.

- En absoluto; soy un simple oficial, que cumple con su deber, eso es todo -dijo, no sin orgullo, el príncipe Andréi.

 

Si un hombre que no está seguro de sí mismo calla al conocer a alguien y exterioriza la conciencia de la inoportunidad de su mutismo y el deseo de encontrar algo que decir, perderá mucho a ojos de la gente de mundo.

 

Pensaba en la insignificancia de la grandeza y la insignificancia de la vida, de la que nadie podía comprender el sentido y aún más sobre la insignificancia de la muerte, el sentido de la cual nadie de los vivos podía entender ni explicar.

 

Estaría bien, pensó el príncipe Andréi, mirando a la imagen que su hermana le había colgado con tal piedad y emoción-, estaría bien si todo fuera tan claro y sencillo como le parece a la pobre, bondadosa y encantadora princesa María. Qué bien estaría saber dónde buscar ayuda en la vida y saber que su significado nos va a ser develado y hallar ayuda incluso en la muerte, sabiendo firmemente qué habrá tras la tumba. Pero para mí ahora mientras muerto. No hay nada seguro excepto la insignificancia de todo lo que conozco y la grandez de algo que me es desconocido, desconocido pero importante.

 

A nosotros no nos es dado juzgar lo que es justo e injusto. Los hombres siempre se equivocan y se equivocarán siempre aún más cuando juzgan lo que es justo y lo que no lo es. Solamente hay que vivir de manera que no tengamos que arrepentirnos. Joseph Maistre dijo con razón: <<en la vida sólo hay dos verdaderas desgracias: el remordimiento de conciencia y la enfermedad. Y la felicidad es solamente la ausencia de esos dos males>>. Vivir para mí mismo, evitando sólo para mí mismo esos dos males, ésa es ahora toda mi filosofía.

 

Y cómo ha terminado y cuál ha sido el resultado de esa guerra, son cosas en las que deben pensar aquellos que no han participado en ella.

 

Como siempre, la vida con sus intereses en el trabajo y el descanso, el deseo y la pasión, las ideas y la ciencia, la música y la poesía, transcurre más allá de cualquier disposición estatal.

 

Sonriendo, se interrumpirán con un nuevo placer para ellos: los recuerdos. Pero no los tristes recuerdos propios de la vejez, sino los poéticos de la infancia; del pasado más lejano en donde los sueños se confunden con la realidad.

 

-¿Cúantos habientes tiene, cuántas casas, cómo son esas casas? ¿Cuántas iglesias hay? -preguntaba Napoléon. Y ante la respuesta de que había más de doscientas iglesias, dijo que la gran cantidad de monasterios e iglesias que había advertido en Polonia es señal de atraso del pueblo. Balashov, respetuosa y alegremente hallando lugar para su pulla diplomática, se permitió no estar de acuerdo con la opinión del emperador francés advirtiendo que había países donde la civilización no puede aniquilar el espíritu religioso del pueblo. <<Esos países son Rusia y España>>.

 

El francés está seguro de sí mismo porque se considera completamente fascinante para hombrees y mujeres, tanto intelectual cojo físicamente y por eso resulta risible. El inglés está seguro de sí mismo porque es ciudadano del país más civilizado del mundo y como inglés sabe todo lo que debe hacer y por lo tanto saber sin lugar a dudas que todo lo que como inglés hace, está bien. El italiano está seguro de sí mismo porque se emociona y se olida fácilmente de sí mismos y de los demás. El ruso está seguro de sí mismo precisamente porque no sabe ni quiere saber nada. El alemán es el que está seguro de sí mimos más firmemente que ninguno, porque él conoce la verdad, la ciencia que él mismo ha inventado, pero que para él es la verdad absoluta.

 

Me doy cuenta de que empiezo a comprender demasiado. Y al hombre no le conviene probar del árbol de la ciencia del bien y del mal.

lunes, 23 de octubre de 2023

Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig.

 

"La mayoría de los hombres poseen escasa imaginación. Todo lo que no les afecta de una manera inmediata y no hiere directamente sus sentidos, cual dura y afilada cuña, apenas logra excitarles; mas si un día, ante sus ojos y en una proximidad palpable, acontece algo insignificante, estallan inmediatamente en una pasión desmesurada. Entonces, en cierto modo, su apatía se trueca en vehemencia frenética y extemporánea."

"… no hay cosa más insoportable que pasar toda una vida obsesionada por un solo punto, por un solo día de su existencia."

"… deseaba, por lo mismo que fueron tan fugaces, revivirlos, gozarlos de nuevo minuciosamente, apelando a ese autoengaño que llamamos recuerdo. En fin, éstas son cosas que se comprenden o no se comprenden. Quizá para comprenderlas se necesita un corazón apasionado."

sábado, 16 de septiembre de 2023

El problema final. Arturo Pérez-Reverte

-¿Desde que dejó el cine?
-Desde que el cine me dejó a mí.
-¿Y cómo una gran estrella de acostumbra a eso?
-No sabría decirle -lo pensé un momento -. Lo que sí es cierto es que hasta ahora conseguí mantenerme ajeno a ese despiadado rencor, tan irracional, que a menudo le inspira a uno el sentirse viejo, o al margen.
-Sabiduría.
-No, sólo comodidad. El rencor fatiga mucho.

La tragedia de quienes triunfan, pensaba, es que consiguen lo que desean, pero no por mucho tiempo.

martes, 5 de septiembre de 2023

La conjura de los necios. John Kennedy Toole.

Vemos, pues, que incluso cuando la rueda de la Fortuna nos hace girar hacia abajo, se para a veces un momento y nos vemos en un pequeño ciclo positivo dentro de ese ciclo negativo más amplio.

-¿Qué piensas tú de alguien que quiere paz, Claude? 
-A mí eso me suena a comunismo.

jueves, 17 de agosto de 2023

Carta de una desconocida. Stefan Zweig.

Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta... Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora.

La sombra del ciprés es alargada. Miguel Delibes.

… hay cosas que se soportan mejor en la penumbra que perfiladas en toda su ingrata sinceridad.

 

Nuestro maestro condenaba la frivolidad del hombre moderno, el cual se dice hijo de Dios pero cifra toda su ilusión en disfrutar la existencia terrena. En consecuencia, el hombre actual se limitaba a conservar los monumentos del antiguo únicamente levantaba teatros, cafés y otros lugares de esparcimiento con una raíz exclusivamente material.

 

Hacen falta años para percatarse de que el no ser desgraciado es ya lograr bastante felicidad en este mundo. La ambición sin tasa hace a los hombres desdichados si no llegan a conseguir lo que desean. La suprema quietud con poco se alcanza, meramente con lo imprescindible.

 

Vivir es ir perdiendo -me decía-; e incluso, aunque parezca aparentemente que se gana, a lo largo nos damos cuenta de que el falso beneficio se trueca en una pérdida más. Todo es perder en el mundo; para lo que poseen mucho y para los que se lamentan de no tener nada.

 

En última instancia ésa es la clave del éxito: dar al mundo por el gusto, halagarle su tonta vanidad.

 

—No es usted muy hablador —rompió ella con una risa—; ya lo había advertido en la cena...

—Es difícil conversar cuando faltan puntos coincidentes en la historia de dos personas.

 

—Por de pronto no es cosa despreciable haber coincidido en el tiempo. La historia del mundo tiene muchos años de existencia.

 

—Ya veo que cuando quiere usted también sabe hablar.

—Todo es cuestión de la habilidad de mi interlocutor.

 

… el tiempo no estaba en los relojes, sino en las circunstancias.