lunes, 28 de agosto de 2017

La casa de Bernarda Alba. Federico García Lorca.

Aquí se hace lo que yo mando. Ya no puedes ir con el cuento a tu padre. Hilo y aguja para las hembras. Látigo y mula para el varón. Eso tiene la gente que nace con posibles.
 
Luego se portó bien. En vez de darlo por otra cosa, le dio por criar colorines hasta que murió. A vosotras, que sois solteras, os conviene saber de todos modos que el hombre a los quince días de boda deja la cama por la mesa, y luego la mesa por la tabernilla. Y la que no se conforma se pudre llorando en un rincón.

jueves, 17 de agosto de 2017

Almas grises. Philippe Claudel

Los jurados no siempre comprendían lo que quería decir el Fiscal. Él había leído demasiado y ellos, demasiado poco.

Por orgullo y por estupidez, todo un país estaba dispuesto a arrojarse al cuello de otro. Los padres azuzaban a los hijos. Los hijos azuzaban a los padres. Sólo las mujeres, madres, esposas o hijas, presenciaban aquello con el pálpito de la desgracia en el corazón y una lucidez que les hacía ver mucho más allá de aquellas tardes de gritos de júbilo, rondas para todos y canciones patrióticas que hacían zumbar los oídos y temblar la verde fronda de los castaños.
 
El alcalde arrastraba los pies por el barro de las calles. Ella los posaba apenas sobre la tierra esponjada por el agua, sorteando los charcos con pequeños saltos, como si jugara a trazar el rastro de un grácil animal sobre el suelo empapado.
 
Pero me decía que había tiempo. Ésa es la gran estupidez del ser humano, decirse siempre que hay tiempo, que podrá hacer esto o lo otro mañana, dentro de tres días, el año que viene, dos horas más tarde... Y luego todo se muere, y nos vemos siguiendo ataúdes, lo que no facilita la conversación.
 
A lo lejos, la línea del frente se confundía con la del cielo de tal modo que por momentos parecía que varios soles se alzaran al mismo tiempo y volvieran a caer con un ruido de cohete fallido. La guerra desplegaba su pequeño carnaval viril a lo largo de kilómetros, y desde donde estábamos parecía un simulacro organizado en un decorado para enanos de cierto. Todo era muy pequeño. La muerte no soportaba tanta pequeñez, y se marchaba llevándose todo su cargamento de dolor, de cuerpos destrozados y gritos perdidos, de hambre y miedo en el estómago, de tragedia.
 
Al menos una vez en su vida estuvo a la altura de su condición de hombre. ¿Quién puede decir tanto?
 
La muerte me ha dejado al menos eso, que nada puede arrebatarme, aunque el tiempo me haya robado su rostro, que me esfuerzo en recobrar tal como realmente era, si bien a veces, a modo de recompensa, se me concede vislumbrarlo en los reflejos del vino que bebo.

martes, 27 de junio de 2017

El cuento de la criada. Margaret Atwood

Pronto descubro que en realidad no me avergüenzo. Disfruto con el poder... Abrigo la esperanza de que lo pasen mal mirándonos y tengan que frotarse contra las barreras, subrepticiamente. Y que luego, por la noche, sufran en los camastros del regimiento. Ahora no tienen ningún desahogo a excepción de sus propios cuerpos, y eso es un sacrilegio. Ya  no hay revistas, ni películas, ni ningún sustituto; sólo yo y mi sobra alejándonos de los dos hombres.
 
Hay más de una forma de ser libres, decía Tía Lydia. Puedes gozar de algunas libertades, pero también puede liberarte de ciertas cosas. En los tiempo de la anarquía, se os concedían ciertas libertades. Ahora se os concede vivir libres de según qué cosas. No lo menospreciéis.
 
Mujeres independientes que tomaban decisiones. Se vestían con blusas abotonadas que sugerían las diversas posibilidades de la palabra "suelto". Aquellas mujeres podían ser sueltas; o no. Parecían capaces de elegir. en aquellos tiempos, nosotras parecíamos capaces de elegir. Éramos una sociedad en decadencia, decía Tía Lydia, con demasiadas posibilidades de elección.
 
Se balancean como si anduvieran sobre unos zancos desiguales; tienen la espalda arqueada a la altura del talle y las nalgas prominentes. Llevan la cabeza descubierta y el cabello a la vista con todo lo que tiene de oscuro y sexual; los labios, pintados de rojo, delinean las húmedas cavidades de sus bocas como los garabatos de la pared de un lavabo público de otros tiempos. me detengo. Deglen se para junto a mí y comprendo que ella tampoco puede apartar la mirada de esas mujeres. Nos fascinan y a la vez nos repugnan. Parece que vayan desnudas. Qué poco tiempo han tardado en cambiar nuestra mentalidad con respecto a esta clase de cosas.
 
No me cuesta imaginar la curiosidad de esta gente; ¿son felices?, ¿cómo pueden ser felices? Siento sus ojos brillantes sobre nosotras, cómo se inclinan un  poco hacia delante para oír nuestras respuesta, sobre todo las mujeres, aunque los hombres también; somos un misterio, algo prohibido, los excitamos.
 
Sí, somos muy felices -murmuro. Tengo que decir algo. ¿Qué otra cosa puede decir?
 
Lo normal, decía, es aquello a lo que te acostumbras. Tal vez ahora no os parezca normal, pero al cabo de un  tiempo os acostumbraréis. Y se convertirá en algo normal.
 
¿Qué pretende, sino vivir de la forma más agradable posible? ¿Acaso los demás queremos otra cosa? El inconveniente está en lo posible.
 
Será más sencillo para las que vengan después de vosotras. Ellas aceptarán sus obligaciones de buena gana. Pero no decía: porque no habrán conocido otro modo de vida. Decía: porque no querrán las cosas que no pueden tener.
 
Nuestra felicidad, es en parte, recuerdo.
 
Una rata que está dentro de un laberinto es libre de ir donde quiera, siempre que permanezca dentro de él.
 
Resulta extraño recordar lo que solíamos pensar, como si lo tuviéramos todo al alcance, como si no existieran las contingencias, ni los límites; como si fuéramos libres de modelar y remodelar eternamente los perímetros de nuestra vida, en expansión permanente.
 
 

lunes, 8 de mayo de 2017

El Informe Casabona. Sergio Vila-Sanjuán

"no existe para él un sentido de la vida, un hilo conductor que adelante y explique (o desmerezca) las acciones que se van sucediendo en nuestras biografías. No: lo que existe son sucesivas vías que se van abriendo, rutas a explorar, medios de transporte que pueden abordarse o dejar escapar llevándose el misterio de lo que hubiera podido ocurrir tras ocupar nuestro asientos en ellos. No hay una dirección en la existencia: existen oportunidades que podemos asir o soltar, investigar o ignorar".

viernes, 7 de abril de 2017

Cada siete olas. Daniel Glattauer.

Pero lamentablemente la felicidad no se compone de mensajes de correo electrónico.
 
¿De qué entonces? ¿De qué se compone la felicidad? ¡¡¡Dímelo, me gustaría muchísimo saberlo!!!
 
De seguridades, intimidades, puntos en común, atenciones, vivencias, inspiraciones, ideas, fantasías, desafíos, objetivos, Y te aseguro que la lista está incompleta.
 
Sí, pero (...). No, sin peros. ¡Sí!
 
¡Muy bien! ¿Y para esa interesante cadena causal has tardado treinta minutos, querido mío? ¿SÓLO treinta minutos? ¿Me permites analizar? Primero un "sí" de la afirmación aparentemente decidida. Luego una coma del esperable añadido. Luego un "pero" de la anunciada restricción. Luego un paréntesis redondo del arte formal escrito. Luego tres puntos de la misteriosa diversidad de ideas. A continuación, suficiente disciplina para cerrar el paréntesis y envolver la confusión anónima. A continuación, un punto conservador, para mantener el orden exterior en el caos interno. Luego, de repente, un obstinado "no" de la negativa aparentemente decidida. De nuevo, una coma del inminente complemento. A continuación, un "sin" del rechazo intransigente. Luego más "peros", peros que se disipan, peros que sólo están ahí para demostrar que no hay más peros. Todas las dudas insinuadas. Ninguna duda expresada. Todas las dudas expulsadas. Al final hay un valiente "sí" con obstinados signos de admiración. Resumiendo: "Sí, pero (...). No, sin peros. ¡Sí!. Qué magnífico rondó de tu veleidad. Qué fascinante ronda de tu proceso de decisión desarrollador en público. Este hombre sabe exactamente que no sabe lo que quiere. Y sabe transmitir mejor que nadie ese saber a la persona afectada.
 
Desde luego puedes orientar tu vida en ese sentido, puedes esperar que llegue una persona que te lo dé todo. Entonces tendrás esa maravillosa, seductora y emocionante ilusión de todo, que te hace palpitar el corazón, que te hace soportable una vida con síntomas carenciales crónicos hasta que agotas la ilusión. Entonces sólo se siente la falta. Conozco bastante bien esa sensación. Ya no significa nada para mí. Ya no aspiro al ideal.

viernes, 31 de marzo de 2017

Contra el viento del norte. Daniel Glattauer

¿Qué quiere decir "nada importante"? Nada de nada, aún no hemos contado nada de nuestras vidas, nada de lo que constituye la vida cotidiana, de la que podría ser importante para alguno de los dos.
Nos comunicamos en el vacío. Hemos tenido la gentileza de confesar a qué actividad profesional nos dedicamos. Tú en teoría me harías una bonita página web y yo, a cambio y en la práctica, la someto a (malos) psicogramas lingüísticos. Eso es todo. Sabemos por una deplorable revista que vivimos en la misma gran ciudad. ¿Y qué más? Nada. No hay ninguna otra persona a nuestro alrededor. No vivimos en ninguna parte. No tenemos edad. No tenemos rostro. No hacemos distinción entre el día y la noche. No vivimos en ninguna época. Lo único que tenemos son nuestras dos pantallas, cada cual de manera estricta y secreta por su cuenta, y compartimos una afición: nos interesamos por una persona absolutamente desconocida.

Después de cinco años de presente sin futuro, por fin me he resignado al pretérito imperfecto.

Lo mejor de todo era siempre volver a empezar. Como a los dos nos apasionaba tanto volver a empezar, lo hacíamos cada dos meses. Cada uno era para el otro "el gran amor de su vida", pero nunca cuando estábamos juntos, sólo mientras nos esforzábamos por volver a estarlo.

Uno adapta sus sentimientos al entorno sin descanso, es indulgente con quienes ama, asume cientos de pequeños roles cotidianos, hace equilibrios, compensa, sopesa para no poner en peligro toda la estructura, pues uno mismo forma parte de ella.

martes, 21 de marzo de 2017

La Odisea. Homero.

Habitantes de Ataca, oíd lo que voy a deciros. ¡Que ningún rey con cetro sea ya de su grado clemente ni piadoso ni albergue justicia en su pecho! ¡Malvado siempre sea y sus obras injustas! No queda entre todas estas gentes que tuvo en su reino, por él gobernadas con paterna bondad, quien se acuerde de Ulises divino. Y no causan de cierto mi enojo los fatuos galanes con sus hechos violentos y sórdidas tramas, pues ellos las cabezas se juegan al fin devorando por fuerza la despensa de Ulises que juzgan por siempre perdido; quien me indica es el resto del pueblo, pues todos estáis como mudos ahí sin alzar vuestra voz ni hacer frente a esos hombres ni, siendo los más, ponéis coto a los menos.

Al mostrarse la Aurora temprana de dedos de rosa, tras uncir los corceles subieron al carro vistoso y dejaron el pórtico atrás y el umbral resonante. Al chasquido del látigo el tronco voló sin pereza y salieron al campo y sus trigos: en una jornada terminaron su ruta, así adelantaban los potros.

Con aquel dulce viento gozándose Ulises divino desplegó su velamen; sentado rigió con destreza el timón; no bajaba a sus ojos el sueño, velaba a las Pléyades vuelto, al Boyero de ocaso tardío y a la Osa, a q otros dan nombre del Carro y que gira sin dejar su lugar al acecho de Orión; sólo ella de entre todos los astros no baja a bañarse al océano.

Tenebrosa caverna se abre a mitad de su altura orienta a las sombras de ocaso y al Erebo: a ella puesto el caso acosad, noble Ulises, el hueco navío. Ni el más hábil arquero podría desde el fondo del barco con su flecha alcanzar la oquedad de la cueva en que Escilla vive haciendo sentir desde allí sus horribles aullidos. Se parece su grito, en verdad, al de un tierno cachorro, mas su cuerpo es de un monstruo maligno, al que nadie gozara de mirar aunque fuese algún dios quien lo hallara a su paso; tiene en él doce patas, mas todas pequeñas, deformes, y son seis sus larguísimos cuellos y horribles cabezas cuyas bocas abiertas enseñan tres filas de dientes apretados, espesos, henchidos de muerte sombría. 

Contestando a su vez la discreta Penélope dijo: "Tan suspensa, hijo mío, he quedado entre mí que no puedo dirigirle palabra ni hacerle pregunta ni alcanzo tan siquiera a firmar frente a frente su rostro. Si el huésped es Ulises realmente que ha vuelto a su casa, sabremos comprobarlo él y yo entre nosotros: tenemos señales que guardamos secretas los dos y que nadie conoce.