miércoles, 13 de enero de 2016

Cicatriz. Sara Mesa.

Siempre me río de los que afirman defender a las minorías, puesto que la primera minoría es el individuo. El grupo apareja inevitablemente un precio moral e intelectual que, una vez que se paga, jamás puede recuperarse. El mal es el grupo en sí. El sentido de pertenencia a un grupo siempre genera violencia. Hay algunos que piensan que, para evitarlo, la solución es que el grupo se amplíe lo más posible. Pero otros creemos que para ir por la vida no hace falta ningún paraguas. Vamos mucho mejor solos.

Detesto ese tono triturador con el que algunos hombres hablan de las mujeres, como si estuvieran en la guerra y, en nombre de la patria, presumiesen de haber matado a alguien, pero también odio esa visión del sexo como algo falsamente lúdico, un juego propio de la modernidad, como el rafting o el puenting.

Cuando se te ofende un poco despliegas una gran dignidad. Cuando se te ofende medianamente, tratas tú de ofender. Cuando se te ofende mucho, sueles callar. Así es como funcionas.

Echar de menos un instante es echar de menos a aquél que éramos entonces.

sábado, 9 de enero de 2016

sábado, 2 de enero de 2016

Contigo en la distancia. Carla Guelfenbein.

A su lado estaba a salvo del efecto que causaba en los otros, protegido de mí mismo, de mis desánimos y mis miedos A su lado todo era factible, y ella, con sus certezas y su forma práctica de mirar la vida, me lo confirmaba.

Poseía una de esas bellezas llamativa, que en una mujer menos misteriosa no me habría causado curiosidad. Tenía la teoría en ese entonces de que la excesiva belleza, tanto en hombres como en mujeres, había que estos construyeran su vida alrededor de esta vana característica, volviéndolos con el tiempo personas indolentes y poco interesantes.

Después de tantos años, cuando intento reconstituir lo que ocurrió a continuación, me doy cuenta de que los hechos, tal cual acontecieron, están distorsionados por las múltiples versiones que Vera y yo recreamos de ellos a lo largo del tiempo, cargándolos de subjetividad y de una pátina de romanticismo que sin duda no tuvieron. Hay momentos así. Momentos que con el tiempo se transforman en fábulas compartidas. Los reconstituimos con el fin de acomodarlos a nuestra historia y transformarlos en algo que podemos atesorar.

Sólo quería saber cómo sonaba tu nombre cuando ella lo escuchaba -respondió sonrojándose. Me miró con sus ojos negros tras los cuales parecía vivir algo indomable y triste.

Durante los días que siguieron traté de reconstituir en mi memoria el contacto de su piel contra la mía, su textura, recordar la presión que había ejercido, la tibieza que se había filtrado en mí como una luz que a través de una puerta clausurada enciende tenuemente un cuarto que ha permanecido en la oscuridad.

Ahí estábamos, Julián durmiendo en la que hasta hacía algunas semanas había sido mi cama, ella y yo amándonos en silencio, y sentí una alegría en cuya tela estaba entretejida la ansiedad y la tristeza de saber cuán efímero era todo, cuán frágil.

Lo decía con altivez, como si en el mundo donde ella vivía, en las alturas de la abstracción, esas banalidades fueran un insulto, haciéndome sentir miserable y vulgar con mis inquisiciones.

Mi mujer, la misma con quien había compartido una parte importante de mi vida, había guardado dentro de sí un ser secreto. Pero ¿no era siempre así al fin y al cabo? Siempre queda una zona inescrutable, un espacio donde anidan los sentimientos más bajo, un territorio oscuro, que muchas veces no es visible ni a nuestros propios ojos, porque de verlo, el delicado andamiaje que hemos construido a lo largo de nuestras vidas se vendría abajo de golpe.

Una de ellas, a pesar de un leve aspecto gastado, resultaba incluso atractiva.

No tenía la seguridad de que estas revelaciones, que llegaban con su ambigua claridad, fueran auténticas. Pero necesitaba salir de la penumbra y me aferré a ellas como un creyente a una verdad suprema.
Algo inédito se estaba iniciando en mí. Y para que ello sucediera había tenido que morir un poco, había tenido que pasar por esa tierra de nadie donde no hay vida, ni aire, ni esperanza. Esa es la naturaleza de los comienzos y recién en ese instante lo descubría.

Ya lo enunciaban los griegos: la memoria se ancla en los lugares para poder sobrevivir. Sitios que el alma crea para poder guardar sus recuerdos.


martes, 1 de diciembre de 2015

Rayuela. Julio Cortázar.

Ella sufre en alguna parte. Siempre ha sufrido.

... bien por debajo o por encima de todo eso no había querido fingir como los bohemios al suso que ese caos de bolsillo era un orden superior del espíritu o cualquier otra etiqueta igualmente podrida, y tampoco había querido aceptar que bastaba un mínimo de decencia (¡decencia, joven!) para salir de tanto algodón manchado.

...Y la irritación de estar pensando en todo eso y sabiendo que como siempre me costaba mucho menos pensar que ser...

Creer que la acción podía colmar, o que la suma de las acciones podía realmente equivaler a una vida digna de este nombre, era una ilusión de moralista. Valía más renunciar, porque la renuncia a la acción era la protesta misma y no su máscara.

Más tarde le hizo gracia comprobar cómo en las formas superiores de cultura el peso de las autoridades y las influencias, la confianza que dan las buenas lecturas y la inteligencia, producían también su "se lo digo yo" finamente disimulado, incluso para el que lo profería: ahora se sucedían los "siempre he creído", "si de algo estoy seguro" "es evidente que", casi nunca compensado por una apreciación desapasionada del punto de vista opuesto. Como si la especia velara en el individuo para no dejarlo avanzar demasiado por el camino de la tolerancia, la duda inteligente, el vaivén sentimental.

- Vos pensás demasiado antes de hacer nada
- Parto del principio de que la reflexión debe preceder a la acción, bobalina.
- Partís del principio - dijo la Maga- Qué complicado. Vos sos como un testigo, sos el que va al museo y mira los cuadros. Quiero decir que los cuadros están ahí y vos en el museo, cerca y lejos del mismo tiempo. Yo soy un cuadro, Rocamadour es un cuadro. Etienne es un cuadro, esta pieza es un cuadro. Vos creés que está en esta pieza pero no estás. Vos estás mirando la pieza, no estás en la pieza. 

La lenta cuchillada boca arriba que rompe las estrellas de la noche y devuelve el espacio a las preguntas y a los terrores.

El deseo cada tantas horas, nunca demasiado diferente y cada vez otra cosa: trampa del tiempo para crear las ilusiones.

No es misántropo, pero sólo acepta de hombres y mujeres la parte que no ha sido plastificado por la superestructura social: él mismo tiene medio cuerpo metido en el molde y lo sabe, pero ese saber es activo y no la resignación del que marca el paso.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

Vestido de novia. Pierre Lemaitre.

"En la cama, sólo le hace caso si es ella quien toma la iniciativa. Ella la toma siempre. Tiene miedo siempre. Finge. A veces, por unos breves instantes, siente que podría ser feliz. Eso la hace llorar. É no lo ve porque siempre es al final, cuando él se duerme y ella mira la habitación en la penumbra nocturna. Es una suerte que no ronque".

"La besa por primera vez con lo que podría ser autoridad. El año va a empezar dentro de unos segundos, ya se oyen algunas bocinas, las de los que se anticipan a la hora para estar seguros de ser los primeros. De repente, un estallido general, los gritos, las sirenas, las risas, las luces. Una leve felicidad social planea un instante sobre el mundo; la ocasión e un trámite, pero las alegrías son sinceras".

jueves, 26 de noviembre de 2015

Alex. Pierre Lemaitre.

...Elegir lo más apropiado entre lo que ya se tiene puesto que una no puede renovarse el guardarropa entero cada vez que camba de peluca... Y acto seguido al salir a la calle ya se es otra persona. No del todo pero casi. Y si eso no camba la vida ayuda a matar el tempo sobre todo cuando ya no se espera que suceda gran cosa.

Alex gusta a los hombre de todas las edades, es la ventaja de tener treinta años.

En circunstancias ordinarias para mentir convincentemente hace falta talento: exige energía creatividad, sangre fría y memora y es mucho más difícil de lo que puede parecer. Mentir a una autoridad es un ejercicio muy ambicioso que exige el dominio absoluto de todas esas cualidades.

La vida siempre nos alcanza`no hay nada que hacer es imposible escapar.

viernes, 30 de octubre de 2015

Ítaca. Kavafis.

... Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti...