martes, 21 de mayo de 2019

Canción dulce. Leila Slimani.

¿De qué lago negro, de qué frondoso bosque ha extraído esos cuentos crueles en los que los buenos mueren al final, no sin antes haber salvado el mundo?

Es un soldado. Avanza, cueste lo que cueste, como un animal, como un perro a quien unos niños malos hubieran quebrado las patas.

lunes, 6 de mayo de 2019

Pedro Páramo. Juan Rulfo.

Yo no supe qué pensar. Ni ella me dejó en qué pensar.

Es tan violento y vive tan de prisa que a veces se me figura que va jugando carreras con el tiempo. Acabará por perder, ya lo verá usted.

—Este mundo, que lo aprieta a uno por todos lados, que va vaciando puños de nuestro polvo aquí y allá, deshaciéndonos en pedazos como si rociara la tierra con nuestra sangre. ¿Qué hemos hecho? ¿Por qué se nos ha podrido el alma?

La lluvia amortigua los ruidos. Se sigue oyendo aún después de todo, granizando sus gotas, hilvanando el hilo de la vida.

martes, 30 de abril de 2019

La Tregua. Mario Benedetti.

"Lo que menos odio es la parte mecánica, rutinaria, de mi trabajo: (...) Ese tipo de labor no me cansa, porque me permite pensar en otras cosas y hasta (¿por qué no decírmelo a mí mismo?) también soñar."

"... tiene por lo menos algo de común conmigo: también es una triste con vocación de alegre".

"Hay una especie de reflejo automático en eso de hablar de la muerte y mirar en seguida el reloj."

"Se sabe inmune, se sabe odiado, pero el escrúpulo no ha sido nunca su especialidad."

"Pero la resignación no es toda la verdad. En el principio fue la resignación; después, el abandono del escrúpulo; más tarde, la coparticipación. Fue un ex resignado quien pronunció la célebre frase: «Si tragan los de arriba, yo también». Naturalmente, el ex resignado tiene una disculpa para su deshonestidad: es la única forma de que los demás no le saquen ventaja. Dice que se vio obligado a entrar en el juego, porque de lo contrario su plata cada vez valía menos y eran más los caminos rectos que se le cerraban. Sigue manteniendo un odio vengativo y latente contra aquellos pioneros que lo obligaron a seguir esa ruta. Quizá sea, después de todo, el más hipócrita, ya que no hace nada por zafarse. Quizá sea también el más ladrón, porque sabe perfectamente que nadie se muere de honestidad."

"Tenía veinte años y era joven; tenía treinta y era joven; tenía cuarenta y era joven. Ahora tengo cincuenta años y soy «todavía joven». Todavía quiere decir: se termina."

"«Yo sé que eso no lo podés entender, que es algo que no cabe en los muchos dedos de frente masculina. Para ustedes hacer el amor es una especie de trámite normal, de obligación casi higiénica, raras veces un asunto de conciencia. Es envidiable cómo pueden separar ese detalle que se llama sexo, de todo lo otro esencial, de todas las otras zonas de la vida. Ustedes mismos inventaron eso de que el sexo lo es todo en la mujer. Lo inventaron y después lo desfiguraron, lo convirtieron en una caricatura de lo que verdaderamente significa. Cuando lo dicen, piensan en la mujer como una gozadora vocacional, impenitente. El sexo es todo en la mujer, es decir la vida entera de la mujer, con sus afeites, con su arte de engañar, con su barniz de cultura, con sus lágrimas listas, con todo su equipo de seducciones para agradar al hombre y convertirlo en el proveedor de su vida sexual, de su exigencia sexual, de su rito sexual (...) Ya sé que hay mujeres que son eso y nada más. Pero hay otras, la mayoría, que no son eso, y otras más, que aunque lo sean, son además otra cosa, un ser humano complicado, egocéntrico, extremadamente sensible. Quizá sea cierto que el ego femenino sea sinónimo de sexo, pero hay que comprender que la mujer identifica el sexo con la conciencia. Allí puede estar la mayor culpa, la mejor felicidad, el problema más arduo. Para ustedes es tan diferente (...) no es cierto que para mí no sea esto un asunto de conciencia. No sé en qué día lo escribí, pero estoy seguro de que dejé constancia de mis vacilaciones, y ¿qué es la vacilación sino un rodeo de la conciencia?"

"En las oficinas no hay amigos; hay tipos que se ven todos los días, que rabian juntos o separados, que hacen chistes y se los festejan, que se intercambian sus quejas y se transmiten sus rencores, que murmuran del Directorio en general y adulan a cada director en particular. Esto se llama convivencia, pero sólo por espejismo la convivencia puede llegar a parecerse a la amistad."

"Sin embargo, a veces nos reímos juntos, tomamos alguna copa, nos tratamos con simpatía. En el fondo, cada uno es un desconocido para los otros, porque en este tipo de relación superficial se habla de muchas cosas, pero nunca de las vitales, nunca de las verdaderamente importantes y decisivas."

"¿qué es lo que quiero, qué es lo que yo preferiría? ¿Que él no fuera marica o simplemente sentirme yo libre de toda culpa? Qué egoístas somos, Dios mío, qué egoísta soy. Aun el sentirme al día con conciencia es una especie de egoísmo, de apego a la comodidad, al confort del espíritu. A Jaime no lo vi."

"Y padecen la más horrible variante de la soledad: la soledad del que ni siquiera se tiene a sí mismo."

"Los celos retrospectivos (por su imposibilidad de rencor, por su falta de desafío, por su improbable competencia) son espantosamente crueles."

"Sé que cuando uno ve las cosas desde fuera, cuando uno no se siente complicado en ellas, es muy fácil proclamar qué es lo malo y qué es lo bueno. Pero cuando uno está metido hasta el pescuezo en el problema (y yo he estado muchas veces así), las cosas cambian, la intensidad es otra, aparecen hondas convicciones, inevitables sacrificios y renunciamientos que pueden parecer inexplicables para el que sólo observa."

"La vida se va, se está yendo ahora mismo, y yo no puedo soportar esa sensación de escape, de acabamiento, de final."

"«Contigo no tengo necesidad de vivir a la defensiva. Me siento feliz»."

"¿Cómo seré yo para quien mire desde lejos?"

miércoles, 24 de abril de 2019

La hija de la española. Karina Sainz Borgo.


Mientras redactaba la inscripción para su tumba, entendí que la primera muerte ocurre en el lenguaje, en ese acto de arrancar a los sujetos del presente para plantarlos en el pasado. Convertirlos en acciones acabadas. Cosas que comenzaron y terminaron en un tiempo extinto. 
Todos nos convertimos en sospechosos y vigilantes, travestimos la solidaridad en depredación. 
Las calles de Caracas reproducían aquellas voces y acentos de quienes habían cruzado el Atlántico, ese mar donde alguien siempre dice adiós. 
Nos descubrimos deseando el mal al inocente y al verdugo. Éramos incapaces de distinguirlos.  
El que no ha nacido ahí dentro, el que no ha crecido aprendiendo a degollar para vivir, no sale de una pieza. 
El fuego solo purifica a quien no posee nada más. Hay tristeza y orfandad en las cosas que arden. 
Estudié el semblante irreal que muestran las ciudades cuando las miras desde el aire: ese aspecto falso, de maqueta y miniatura. Autovías, casas, parcelas, piscinas, coches minúsculos, conductores que avanzan hacia quién sabe dónde. Vidas pequeñas, insignificantes, lejanas.

miércoles, 10 de abril de 2019

Los dos tórtolos. Alexandre Postel.

Porque ambos habían sabido de la tortura de la pasión, de las horas transcurridas imaginando esas declaraciones que nunca te atreverás a pronunciar, esos mensajes que han quedado sin repuesta, esas cartas que lees una y otra vez hasta saberte todas las palabras de memoria, esas rupturas que no has visto venir y esas lágrimas que piensas que van a seguir corriendo, sin perder nunca la amargura, hasta la consumación de los siglos.

Y todo eso que habían creído que no olvidarían nunca, lo iban olvidando despacio, a medida que la pareja que formaban, iba absorbiéndolo todo, borrándolo todo, tiraba de ellos para alejarlos cada vez más de su pasado.

¿para qué tomarse el trabajo de hablar con los demás, de escuchar sus historias, de satisfacer su narcisismo y su necesidad de figurar? ¡Qué decepcionante era la vida! ¡Qué triste era el uso de la palabra!

En el fondo, se decía Dorothée, para vivir con serenidad en París se precisaba una indiferencia completa al dolor ajeno. Se acordaba de Adèle, que había llegado al mismo tiempo que ella y no había podido soportar la experiencia: demasiada gente, demasiada miseria, demasiado deseo, una ciudad agotadora.

¡Era sólo una forma de hablar!
No; es exhibicionismo moral.
¡Más valía eso que el cinismo.
El cinismo es siempre preferible al fanatismo.

A lo mejor se debía al hecho de que, como en la mayoría de esas series salían individuos a quienes el crimen, el adulterio o el disimulo integraban en una doble vida más excitante, más violenta, más viva que la simple vida, disfrutaban de todo eso por delegación sin pasar por ninguno de sus inconvenientes, lo que les permitía paladear a un tiempo el escalofrío de la duplicidad y el confort de la seguridad.

Entonces, tan deprisa como se habían enfadado, se calmaban; los mutuos agravios dejaban de existir. Más fuertes que el orgullo y la ira, las fuerzas combinadas de la costumbre y del olvido los arrastraban consigo, irresistiblemente: ¿hacia qué destino, hacia qué meta? Nunca se habían hecho esa pregunta, nunca se habían tomado tiempo para pensar en ello. Ahora bien, pensar en ello, como empezaron a hacerlo tímidamente, era arriesgarse a sacara a la luz una verdad que más valía dejar en la sombra: que su buen entendimiento era quizá tan quimérico como sus peleas, igual de frágil, igual de injustificado, igual de susceptible de salir volando como un globo de helio. Que sólo había eso: eso apuesta imprecisa y azarosa, algo así como una tirada de dados a la que la rutina y la inercia había dispensado la ilusoria necesidad de las leyes gravitatorias.

Hacerse preguntas sobre su vida en común era arriesgarse a la tristeza. No hacerlo era arriesgarse a no tener una vida lograda, a desviarse de sí mismos, a descubrir, al final del camino, que la vida de dos no era en realidad sino media vida.

jueves, 28 de marzo de 2019

Nada. Carmen Laforet.

"...me parecía una aventura agradable y excitante aquella profunda libertad en la noche."

"Su charla insubstancial me parecía el rumor de lluvia que se escuchaba con gusto y con pereza. Empezaba a acostumbrarme a ella, a sus rápidas preguntas incontestadas, a su estrecho y sinuoso cerebro."

"Yo me daba cuenta de que él me creía una persona distinta; mucho más formada, y tal vez más inteligente y desde luego hipócrita y llena de extraños anhelos. No me gustaba desilusionarle, porque vagamente yo me sentía inferior; un poco insulsa con mis sueños y mi carga de sentimentalismo, que ante aquella gente procuraba ocultar."

"Las hojas lacias y amarillentas caían en una lenta lluvia desde los árboles. Una mañana de otoño en la ciudad, como yo había soñado durante años que sería en la ciudad el otoño: bello, con la naturaleza enredada en las azoteas de las casas y en los troles de los tranvías; y sin embargo, me envolvía la tristeza."

"«¿Pero usted cree en esas paparruchas de Dios?», me dijo. «Claro que sí; ¿usted no?», le contesté. «No, ni permito que lo crea nadie.» «Entonces yo soy más republicana que usted, porque a mí me tiene sin cuidado lo que los demás piensen; creo en la libertad de ideas.»"

"—Si necesitara amigos los tendría, los he tenido y los he dejado perder. Tú también te hartarás de todo... ¿Qué persona hay, en este cochino y bonito mundo, que tenga bastante interés para aguantarla? Tú también mandarás a la gente al diablo dentro de poco, cuando se te pase el romanticismo de colegiala por las amistades."

"Es difícil entenderse con las gentes de otra generación, aun cuando no quieran imponernos su modo de ver las cosas. Y en estos casos en que quieren hacernos ver con sus ojos, para que resulte medianamente bien el experimento se necesita gran tacto y sensibilidad en los mayores y admiración en los jóvenes."

"«¿Cómo serán nuestros actos y nuestras palabras interpretados por cerebros así?», pensé,"

"Fui distraída todo el camino, pensando en que siempre se mueve uno en el mismo círculo de personas por más vueltas que parezca dar."

"¿Quién puede entender los mil hilos que unen las almas de los hombres y el alcance de sus palabras?"

"El sentimiento de ser esperada y querida me hacía despertar mil instintos de mujer; una emoción como de triunfo, un deseo de ser alabada, admirada, de sentirme como la Cenicienta del cuento, princesa por unas horas, después de un largo incógnito."

"...de nada vale correr si siempre ha de irse por el mismo camino, cerrado, de nuestra personalidad. Unos seres nacen para vivir, otros para trabajar, otros para mirar la vida."

"La calle irradiaba su alma en el crepúsculo, encendiendo sus escaparates como una hilera de ojos amarillos o blancos que mirasen desde sus oscuras cuencas... Mil olores, tristezas, historias subían desde el empedrado, se asomaban a los balcones o a los portales de la calle"

jueves, 14 de marzo de 2019

Luz de agosto. William Faulkner.

"Y, por primera vez, Byron comprendió que el nombre de un hombre, considerado en general como simple interpretación sonora de lo que es ese hombre, puede ser también, en cierto modo, un presagio de lo que hará, si se puede leer a tiempo el significado."

"Se habría dicho que sólo se escuchaba a sí mismo: «Un idiota. El hombre que hace eso es un idiota.»"

"...La gente no olvida mucho más tiempo que el que recuerda.»"

"«Pero ahora comprendo la razón -piensa Byron-. Es porque un hombre teme más a lo que pueda sobrevenirle que a los sufrimientos que ya ha padecido. Prefiere aferrarse a los sufrimientos que ya ha padecido para no arriesgarse a un cambio. Sí. Un hombre hablará de su deseo de escapar a los vivos. Pero los más peligrosos son los muertos. Porque de los muertos no se puede escapar; de los muertos que yacen tranquilamente en alguna parte y que no tratan de retenerlo.»"

"La memoria cree antes de que el conocimiento recuerde. Cree mucho más tiempo que recuerda, mucho más tiempo del que tarda el conocimiento en preguntarse."

"Se diría que Dios dispone que ellas averigüen lo que necesitan saber en las mentiras de los hombres, sin necesidad de preguntar. Y que no averigüen lo que no quieren saber, aunque uno ni siquiera se da cuenta de que no lo han averiguado."

"Ser joven. No hay nada parecido. No hay nada parecido en el mundo.

"...Una de la más felices facultades de la mente humana es la de poder ignorar lo que la conciencia se niega a asimilar."

"Parecía como si ni siquiera él supiese que era un asesino, y menos aún un negro."

"— ¡Todo va bien! ¡Dice usted que todo va bien! ¡Byron dice que todo va bien…! Byron Bunch ha ayudado al amante de la mujer a vender a su amigo por mil dólares, y Byron dice que todo va bien. Ha ocultado la mujer al padre del niño mientras el otro… ¿le llamaré amante, Byron? ¿Voy a decir esa palabra? ¿Ocultaré la verdad porque Byron Bunch la oculta?
— Si la verdad está hecha por la voz pública, entonces ésa es la verdad. Sobre todo cuando se enteren de que he conseguido que metiesen a los dos en la cárcel.
— ¿A los dos?
— A Brown también. Aunque me parece que la mayor parte de la gente ha acabado por comprender que ese hombre no era más capaz de matar, o de ayudar a matar, que de atrapar al criminal. Pero todo el mundo podrá decir que Byron Bunch ha conseguido que le encierren."

"— Si la verdad está hecha por la voz pública, entonces ésa es la verdad."

"«Quizás tienen tazón cuando introducen el amor en los libros -pensaba él serenamente-. Quizás no puede vivir en otra parte.»"

"¿Cómo puede asombrarnos que este mundo esté habitado principalmente por muertos?"