HÉCTOR: ¿Qué mayor recompensa esperas de mí?
DOLÓN: ¡Los caballos de Aquiles! Merece un premio digno
de su hazaña quien se juega la vida a los dados de un dios.
HÉCTOR: Ya que a mi lanza le sonríe el destino y Zeus
está de nuestra parte, encontraré muchos amigos. Pero para nada necesitamos a
los que en otro tiempo no compartieron nuestras fatigas, cuando el destructor
Ares destrozaba, con soplo huracanado, las velas de esta tierra. Reso nos
muestra de qué clase es su amor a Troya: viene al festín sin haber estado
presente cuando los cazadores obtuvieron las presas, y sin haber tomado parte
en la lucha.
ÁURIGA DE RESO: … Has sido tú quien ha hecho eso… Y lo
has hecho llevado del deseo de los caballos… ¿Quién podría atravesar las líneas
troyanas y llegar a nosotros sin ser visto?
HÉCTOR: …No se ha apoderado de mí un deseo tan
desmedido de esos caballos (de Aquiles) como para dar muertes a mis amigos. Es
Odiseo quien lo ha hecho. ¿Qué otro hombre entre los argivos hubiera sido capaz
de planearlo y llevarlo a cabo? Temo, y mi corazón está inquieto por ello, que
se haya tropezado, además, con Dolón y que le haya matado.
MUSA: ¡Perezca el descendiente de Eneo (Diomedes)!
¡Perezca el hijo de Laertes, que me ha privado de mi hijo, el más esclarecido
de los héroes! ¡Perezca Helena que, abandonando su morada, navegó en pos de un
lecho frigio, y te ha hecho perecer a ti al pie de Ilión y en defensa de Troya,
oh queridísimo, y ha despoblado de valientes guerreros a innúmeras ciudades!
HÉCTOR: …¿no es natural que enviase heraldos a mis amigos,
a fin de que acudiesen en auxilio de mi país? Los envié, y, cumpliendo con su
deber, Reso vino dipuesto a combatir a mi lado.
MUSA: … Oh dolores de los que engendran hijos, sufrimiento
de los mortales! Quien piense en vosotros con sentido común pasará la vida sin
hijos, y de ese modo no tendrá que sepultar a quienes son su propia sangre.

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