lunes, 16 de marzo de 2026

Hamlet. William Shakespeare.

Hamlet:

¿Qué parece decís, señora?

no hay tal: es; yo no sé de pareceres,

no es tan solo mi capa color tinta,

mi buena madre, ni mi usual ropaje

solemnemente negro, ni el suspirar ruidoso

con forzado resuello.

No, ni el copioso río de los ojos,

ni el aspecto abatido de mi rostro,

junto a todas las formas

y talentes y nuestras de dolor,

lo que puede de veras expresarme.

Todo eso en efeto es parecer,

pues son actos que un hombre muy bien puede fingir,

pero yo llevo dentro lo que va más allá

de cualquier apariencia;

lo otro son los arreos y galas de la pena.

 

Hamlet:

¡Oh, Dios mío, Dios mío, qué fatigosos, rancios,

vanos y sin provecho,

me parecen los usos de este mundo!

 

Hamlet:

Sospecho alguna sucia treta;

ojalá fuera ya de noche;

hasta entonces, serénate, alma mía;

las perfidias saldrán a plena luz

aunque la tierra entera las sepulte

a la mirada humana.

 

Polonio:

No te muestres lenguaraz

para tus pensamientos, ni pongas en acto

un pensamiento desproporcionado.

sé natural; pero vulgar, de ningún modo.

los amigos que tengas,

y puesta a prueba su adopción,

aférralos a tu alma con anillas de acero;

pero no hagas callosa la palma de tu mano

agasajando a cada camarada imberbe

y no salido aún del cascarón;

cuídate de meterte en una riña,

pero una vez metido, llévala de tal modo

que sea tu oponente quien se cuide de ti.

Presta a todos tu oído, pero a pocos tu voz;

Recibe las censuras de cualquiera,

pero resérvate tu juicio;

tu ropa tan costosa como alcance tu bolsa,

mas no manifestada estrafalariamente:

rica sí, no ostentosa

pues muchas veces por el atavío

se ve lo que es un hombre,

y en Francia los de más alcurnia y rango

del modo más selecto y generoso

sobresalen en esto. Nunca pidas prestado

ni prestes tú, que un préstamo casi siempre te lleva

a perder el dinero y el amigo.

Y el pedir mella el filo de tu buen gobierno.

Y sobre todo esto: sé sincero

contigo mismo, y de ello ha de seguirse,

como la noche sigue al día, que no podrás entonces

ser falso con ninguno.

 

Ofelia:

Señor, me ha requebrado de manera honesta.

Apolonio:

Bien sé yo

cuando abrasa la sangre, con qué soltura el alma

presta promesas a la lengua;

estas pavesas, hija, con más luz que calor,

que una y otra se extinguen en su promesa misma

mientras aún está haciéndose,

no debe confundirlas con el fuego.

 

Hamlet:

Es costumbre que se honra mas

rompiéndola que respetándola

 

Hamlet:

No hay nada bueno o malo, sino que el pensamiento lo hace tal.

 

Hamlet:

Ser o no ser, de eso se trata;

...

¿quién soportaría los azotes

y escarnios de los tiempos, el daño del tirano,

el desprecio del fatuo, las angustias

del amor despechado, las largas de la ley,

la insolencia de aquel que posee el poder

y las pullas que el mérito paciente

recibe del indigno, cuando él mismo podría

¿Dirimir ese pleito con un simple punzón?

¿Quién querría cargar con fardos,

rezongar y sudar en una vida fatigosa,

¿Si no es porque algo teme tras la muerte?

Esa región no descubierta,

de cuyos límites ningún viajero

retorna nunca, desconcierta

nuestro albedrío, y nos inclina

a soportar los males que tenemos

antes que abalanzarnos a otros que no sabemos.

De esta manera la conciencia

hace de todos nosotros cobarde,

y así el matiz nativo de la resolución

se opaca con el pálido reflejo del pensar,

y empresas de gran miga y de mucho momento

por tal motivo tuercen sus caudales

y dejan de llamarse acciones.

 

Rey:

¿Puede ser personado uno, y a la vez

retener el delito? En los cursos

corruptos de este mundo,

puede, cubierta de oro, la mano del delito

hacer a un lado a la justicia,

y vemos a menudo que el precio infecto mismo

compra a la ley; mas no es así en lo alto,

allí no se hace trampa: allí la acción se muestra

en su naturaleza verdadera,

y allí nosotros mismos nos vemos obligados

a rendir nuestras pruebas de nuestros delitos

a rostro descubierto.

 

Rey:

Si mis palabras vuelan,

mi pensamiento en cambio permanece en el suelo;

palabras sin ideas nunca alcanzan el cielo.

 

Reina:

Ay, Hamlet, no hables más.

Me haces volver los ojos al fondo mismo de mi alma,

y veo allí unas manchas

yan negras en sus fibras íntimas,

que nunca perderán su tinte.

 

Hamlet:

La costumbre, ese monstruo que se come

todos nuestros sentidos, demonio de los hábitos.

 

Hamlet:

Tengo que ser cruel; sólo para ser bueno.

Ahora empieza lo malo, y falta lo peor.

 

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