Mientras a consecuencia de las
leyes y de las costumbres exista una condenación social, creando
artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana
fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas
del siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la
mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas; en tanto que en
ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un
punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y
miseria, los libros de la naturaleza del presente podrán no ser inútiles.
Lo que de los hombres se dice, verdadero o falso, ocupa tanto lugar en su destino, y sobre todo en su vida, como lo que hacen.
No era bastante ignorante para ser absolutamente indiferente.
Quien no ha sido obstinado acusador durante la prosperidad debe callarse ante el derrumbamiento. El denunciador del éxito es el sólo legítimo justiciero de la caída.

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