Sabían que estaban librando una guerra. Y no se puede librar una guerra si no participan en ella los dos bandos.
miércoles, 14 de febrero de 2024
domingo, 4 de febrero de 2024
Tres maneras de inducir un coma. Alba Carballal.
En el fondo, y por muchas pretensiones intelectuales que tuviera, yo no era más que una suerte de Pijoaparte descafeinado y sin gracia, y fui capaz de encontrar cierto deleite al reconocer lo mejor de mí en palabras ajenas.
... y por aquel entonces ya hacía muchos años que el mundo se había ocupado de hacerme comprender que las utopías no eran más que un método eficaz para mantener entretenidos a los currantes y vivas las ansias de libertad de un ejército de universitarios rebeldes, quienes, al salir de las aulas, no tendrían más remedio que tratar de colmarlas convirtiéndose en mano de obra sobrecualificada e infrarremunerada.
miércoles, 17 de enero de 2024
La tristeza del samurái. Víctor del Árbol.
Gabriel contempló el sobre en la mano de María.
—Si has venido hasta aquí, no deben de ser buenas noticias,
de modo que poco podrías hacer.
María vio que a su padre se le nublaba la vista. Ya no era el
héroe invencible e infalible de la infancia. Aparecía ante ella ahora el hombre
simple, desnudo, lleno de heridas, de cardenales, de debilidades, de miserias y
contradicciones. A veces, la intransigencia se hace callo, cicatrizan en falso
todos los rencores y las decepciones, los reproches y los enfrentamientos, y ya
no hay manera sincera de romper ese silencio ni esa distancia infinita, ni
siquiera después de muertos, ni siquiera en el recuerdo.
Cuando un hombre muere, justa o injustamente, no ocurre nada
especial. La vida sigue a su alrededor. El paisaje ni siquiera se altera un
ápice, no hay más sitio en el mundo, si acaso un poco más de dolor en los que
viven de cerca esa muerte. Pero incluso ese dolor es pronto olvidado por la
perentoria necesidad de seguir viviendo, de trabajar, de recobrar la rutina.
¿Qué verdad?, dirán aquellos que viven escondidos detrás de
las siglas y de las banderas, esos mismos que jamás vieron una cárcel porque
huyeron con los bolsillos llenos a Francia cuando todo se perdió. Traerán con
ellos a sus héroes, sus leyendas, sus mistificaciones. Acusarán a diestro y siniestro.
Se llamarán demócratas y pondrán flores a sus muertos.
Cuando notamos cerca la muerte, necesitamos recogernos. Es
inevitable pensar en lo que hemos hecho y dejado de hacer. Vemos en la muerte
de otros nuestro final inevitable. Pero la verdad es que es un ejercicio del
todo inútil. No se puede intelectualizar toda una vida de emociones y sentimientos,
ni siquiera cuando tememos morir. Mi consejo, María, es que no se deje
arrastrar por la melancolía ni por la nostalgia. Eso no hará más que traerle
sufrimiento y malgastar el tiempo. No quería compartir con nadie aquel
sentimiento. Se refugiaba en él y se aislaba del mundo del que ya no se sentía
parte. Las personas que ya no tienen fe en su destino dejan de luchar, ya no
moldean su vida y pasan a convertirse en testigos pasivos de sí mismos.
jueves, 21 de diciembre de 2023
Los crímenes de Oxford. Guillermo Martínez.
miércoles, 13 de diciembre de 2023
Monsieur Proust. Céleste Albaret.
Había momentos en que, aún sin parar de hablar, se evadía. Yo lo percibía en sus ojos. Monsieur Proust poseía esta extraña facultad: el don de desparecer mientras su boca continuaba el relato. Y después, con igual brusquedad, su mirada volvía y se posaba de nuevo sobre ti, y era como si le sorprendiera tu presencia. Paraba de hablar un momento, perplejo, y después decía:
-Ah, sí, estábamos diciendo que…
Y el relato continuaba allí donde
lo había interrumpido un instante antes. Pero había existido un paréntesis de vacilación,
como si la mitad de él hubiera seguido hablando mientras la otra se evadía, y,
al regresar esta última, hubieran sido necesarios unos segundos para permitir
que las dos mitades volvieran a unirse.
Si lo piensa un poco, Céleste, se
dará cuenta de que es verdad. Al principio, en los matrimonios reina el amor.
Después la vida se impone, y sólo quedan lazos de conveniencia. Sin embargo,
hay matrimonios que duran para siempre: por el cariño, por una necesidad más
fuerte que todo de seguir juntos, por el gran afecto que nace de la recíproca
comprensión.
Un día que le pregunté si había
vuelto a Illiers más tarde, me respondió:
-No, nunca.
-¿Y eso por qué, Monsieur?
-Porque, Céleste, los paraísos
perdidos sólo se encuentran dentro de uno mismo.
… a fuerza de mirar, de observar,
uno acaba por interesarse en las relaciones y, como los sabios, a través de las
relaciones, con reflexión, se llegan a descubrir las leyes… Si no hay memoria,
no se puede comparar, y sólo comparando se llega a completar el pensamiento.
La verdad de la vida está en la
observación y la memoria. Si no, se limita a pasar. He puesto toda mi
observación y toda mi memoria en mis personajes, para que sean verdaderos. Para
ser verdaderos, tienen que estar completos. Por eso a cada uno le he vestido y
peinado a base de los detalles el recuerdo de tantos otros a los que he
observado a lo largo de mi vida.
jueves, 30 de noviembre de 2023
Guerra y Paz. Lév Tolstói.
Nunca, nunca te cases, amigo mío, este es mi consejo, no te cases
hasta que no te digas a ti mismo que has hecho todo lo que puede ser hecho, y
hasta que no dejes de amar a la mujer que has elegido, hasta que no la veas
claramente; o te equivocarás cruel e irreparablemente. Cásate cuando seas un
viejo inútil… Si no morirá todo lo que en ti es bueno y elevado. Todo se desvanecerá
en menudencia. ¡Sí, sí, sí! No me mires con esa sorpresa. Si espera algo de ti
mismo en el futuro, a cada paso te darás cuenta de que todo ha terminado para
ti, que todas las puertas se te han cerrado, excepto la del saloncito en el que
estarás al mismo nivel que un criado y un idiota. ¡Eso es todo!
Necesito valor para la batalla,
Pero aún más para afrontar tus lágrimas,
Quiero conquistar los laureles del héroe,
Para depositarlos a tus pies.
Decía que sólo existen dos causas de los vicios humanos: la holganza y la superstición,
y que sólo existen dos virtudes: la actividad y la inteligencia.
- Yo no puedo opionar de tal modo -respondió fríamente el
príncipe Bolkonski-. Antes que un filósofo soy un hombre y por eso parto.
- Querido mío, es uste un héroe -dijo Bilibin.
- En absoluto; soy un simple oficial, que cumple con su
deber, eso es todo -dijo, no sin orgullo, el príncipe Andréi.
Si un hombre que no está seguro de sí mismo calla al conocer
a alguien y exterioriza la conciencia de la inoportunidad de su mutismo y el
deseo de encontrar algo que decir, perderá mucho a ojos de la gente de mundo.
Pensaba en la insignificancia de la grandeza y la insignificancia
de la vida, de la que nadie podía comprender el sentido y aún más sobre la insignificancia
de la muerte, el sentido de la cual nadie de los vivos podía entender ni
explicar.
Estaría bien, pensó el príncipe Andréi, mirando a la imagen
que su hermana le había colgado con tal piedad y emoción-, estaría bien si todo
fuera tan claro y sencillo como le parece a la pobre, bondadosa y encantadora princesa
María. Qué bien estaría saber dónde buscar ayuda en la vida y saber que su
significado nos va a ser develado y hallar ayuda incluso en la muerte, sabiendo
firmemente qué habrá tras la tumba. Pero para mí ahora mientras muerto. No hay
nada seguro excepto la insignificancia de todo lo que conozco y la grandez de
algo que me es desconocido, desconocido pero importante.
A nosotros no nos es dado juzgar lo que es justo e injusto.
Los hombres siempre se equivocan y se equivocarán siempre aún más cuando juzgan
lo que es justo y lo que no lo es. Solamente hay que vivir de manera que no
tengamos que arrepentirnos. Joseph Maistre dijo con razón: <<en la vida sólo
hay dos verdaderas desgracias: el remordimiento de conciencia y la enfermedad.
Y la felicidad es solamente la ausencia de esos dos males>>. Vivir para
mí mismo, evitando sólo para mí mismo esos dos males, ésa es ahora toda mi
filosofía.
Y cómo ha terminado y cuál ha sido el resultado de esa
guerra, son cosas en las que deben pensar aquellos que no han participado en
ella.
Como siempre, la vida con sus intereses en el trabajo y el
descanso, el deseo y la pasión, las ideas y la ciencia, la música y la poesía,
transcurre más allá de cualquier disposición estatal.
Sonriendo, se interrumpirán con un nuevo placer para ellos:
los recuerdos. Pero no los tristes recuerdos propios de la vejez, sino los poéticos
de la infancia; del pasado más lejano en donde los sueños se confunden con la
realidad.
-¿Cúantos habientes tiene, cuántas casas, cómo son esas
casas? ¿Cuántas iglesias hay? -preguntaba Napoléon. Y ante la respuesta de que
había más de doscientas iglesias, dijo que la gran cantidad de monasterios e
iglesias que había advertido en Polonia es señal de atraso del pueblo.
Balashov, respetuosa y alegremente hallando lugar para su pulla diplomática, se
permitió no estar de acuerdo con la opinión del emperador francés advirtiendo
que había países donde la civilización no puede aniquilar el espíritu religioso
del pueblo. <<Esos países son Rusia y España>>.
El francés está seguro de sí mismo porque se considera completamente
fascinante para hombrees y mujeres, tanto intelectual cojo físicamente y por
eso resulta risible. El inglés está seguro de sí mismo porque es ciudadano del país
más civilizado del mundo y como inglés sabe todo lo que debe hacer y por lo tanto
saber sin lugar a dudas que todo lo que como inglés hace, está bien. El italiano
está seguro de sí mismo porque se emociona y se olida fácilmente de sí mismos y
de los demás. El ruso está seguro de sí mismo precisamente porque no sabe ni
quiere saber nada. El alemán es el que está seguro de sí mimos más firmemente
que ninguno, porque él conoce la verdad, la ciencia que él mismo ha inventado,
pero que para él es la verdad absoluta.
Me doy cuenta de que empiezo a comprender demasiado. Y al hombre no le conviene probar del árbol de la ciencia del bien y del mal.
lunes, 23 de octubre de 2023
Veinticuatro horas en la vida de una mujer. Stefan Zweig.
"La mayoría de los hombres poseen
escasa imaginación. Todo lo que no les afecta de una manera inmediata y no
hiere directamente sus sentidos, cual dura y afilada cuña, apenas logra
excitarles; mas si un día, ante sus ojos y en una proximidad palpable, acontece
algo insignificante, estallan inmediatamente en una pasión desmesurada.
Entonces, en cierto modo, su apatía se trueca en vehemencia frenética y
extemporánea."
"… no hay cosa más insoportable que
pasar toda una vida obsesionada por un solo punto, por un solo día de su
existencia."
"… deseaba, por lo mismo que fueron
tan fugaces, revivirlos, gozarlos de nuevo minuciosamente, apelando a ese
autoengaño que llamamos recuerdo. En fin, éstas son cosas que se comprenden o
no se comprenden. Quizá para comprenderlas se necesita un corazón apasionado."
