jueves, 22 de marzo de 2012

J. Sfortuna.

¿Por qué se teme tanto a la soledad? Porque no se sabe convivir con ella. No la quiero, tampoco la detesto. No la quiero pero la necesito. La necesito para conocerme a mí mismo. La necesito para conocer a los demás. La necesito para sentir tristeza. La necesito para para conocer mi alma. La necesito para estremecerme. Cuando te tengo, anhelo la compañía. Cuando no te tengo, te echo de menos. A veces, te huelo al pasar. A veces te veo cruzar la calle. A veces creo que bailas entre la gente. Nadie se percata de ello. Creo que soy el único que te ve. Te veeeeeo. Deseo que te acerques y me beses mas nunca te lo pediré. Ven. Abrázame. Envuélveme con tus brazos. Hazme sentir especial por unos segundos. Ya te vas.

jueves, 1 de marzo de 2012

J. Sfortuna.

¡Qué jóvenes éramos! Recuerdo esta etapa de mi vida como una constante confusión. Creía que siempre pensaría igual, que mis convicciones eran indestructibles, creía que viviría para siempre, que éramos inmortales y que nunca nadie podría domar nuestro espíritu. Ahora al verte en la televisión he vuelto a recordar aquellos tiempos. Tan lejanos hace tan sólo una instante y tan cercanos dos segundos después. ¿Sería a esto a lo que se refería realmente Einstein cuando hablaba de la relatividad? Verte me ha hecho recordar aquellas caminatas por el bosque a las cuatro de la madrugada acompañado por aquel olor a primerizo, a miedo, a misterio, a vida en estado puro. Quizá sea la etapa de la vida con mayor atrevimiento, con mayor descaro, con mayor ardor, con mayor coraje.

Aún recuerdo aquellas noches interminables, riendo y bebiendo, castigando a la vida. Con esa amistad y compañerismo que no es posible encontrar después.

A la vez también se recuerdan aquellos días de desasosiego, de inquietud, propios de una personalidad sin fijar.

Con qué encanto se recuerda todo ahora, incluso los malos momentos, que los hubo también. El aderezo de la vida.


viernes, 24 de febrero de 2012

Érase una vez América.

- Se conoce a los ganadores en la línea de salida. A los ganadores y a los perdedores, ¿quién hubiera apostado por ti?

- Yo lo hubiera aportado todo por ti.

- Lo habrías perdido.

martes, 7 de febrero de 2012

De Poemas póstumos, 1968. Gil de Biedma.

De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso,

dejar atrás un sótano más negro

que mi reputación —y ya es decir—,

poner visillos blancos

y tomar criada,

renunciar a la vida de bohemio,

si vienes luego tú, pelmazo,

embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,

zángano de colmena, inútil, cacaseno,

con tus manos lavadas,

a comer en mi plato y a ensuciar la casa?

Te acompañan las barras de los bares

últimos de la noche, los chulos, las floristas,

las calles muertas de la madrugada

y los ascensores de luz amarilla

cuando llegas, borracho,

y te paras a verte en el espejo

la cara destruida,

con ojos todavía violentos

que no quieres cerrar. Y si te increpo,

te ríes, me recuerdas el pasado

y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.

Que tu estilo casual y que tu desenfado

resultan truculentos

cuando se tienen más de treinta años,

y que tu encantadora

sonrisa de muchacho soñoliento

—seguro de gustar— es un resto penoso,

un intento patético.

Mientras que tú me miras con tus ojos

de verdadero huérfano, y me lloras

y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!

Y si yo supiese, hace ya tiempo,

que tú eres fuerte cuando yo soy débil

y que eres débil cuando me enfurezco...

De tus regresos guardo una impresión confusa

de pánico, de pena y descontento,

y la desesperanza

y la impaciencia y el resentimiento

de volver a sufrir, otra vez más,

la humillación imperdonable

de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,

como quien va al infierno

para dormir contigo.

Muriendo a cada paso de impotencia,

tropezando con muebles

a tientas, cruzaremos el piso

torpemente abrazados, vacilando

de alcohol y de sollozos reprimidos.

Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,

y la más innoble

que es amarse a sí mismo!

miércoles, 1 de febrero de 2012

Mario Benedetti. No te Salves.

No te quedes inmóvil
al borde del camino
no congeles el júbilo
no quieras con desgana
no te salves ahora
ni nunca
no te salves
no te llenes de calma
no reserves del mundo
sólo un rincón tranquilo
no dejes caer los párpados
pesados como juicios
no te quedes sin labios
no te duermas sin sueño
no te pienses sin sangre
no te juzgues sin tiempo

pero si
pese a todo
no puedes evitarlo
y congelas el júbilo
y quieres con desgana
y te salvas ahora
y te llenas de calma
y reservas del mundo
sólo un rincón tranquilo
y dejas caer los párpados
pesados como juicios
y te secas sin labios
y te duermes sin sueño
y te piensas sin sangre
y te juzgas sin tiempo
y te quedas inmóvil
al borde del camino
y te salvas
entonces
no te quedes conmigo