lunes, 25 de mayo de 2009

El discreto encanto del deseo.




Juan Manuel Díaz Burgos no se conforma con los bellos paisajes que abundan en Latinoamérica y el Caribe. Nada de eso. Sabe que lo interesante es la gente. Su manera de vivir, cómo se visten, cómo asumen el día a día. Y por eso el espectador puede imaginar al fotógrafo bajo el sol, con su cámara entre manos, buscando lo que es cotidiano en cada calle de Cuba o de República Dominicana. Las manifestaciones de cariño, la necesidad de cercanía física que suelen ser imperiosas al otro lado del Atlántico, quedan reflejadas en su exposión 'El deseo', que se exhibe hasta el 3 de junio en el Centro de Imagen EFTI, en Madrid.

A este fotógrafo español (Cartagena, Murcia, 1951) lo que más le atrae es "comprender el mundo que nos rodea". Y cuando aprieta el flash, deja en una instantánea no sólo la imagen de las personas, sino la atmósfera que rodea sus vidas. Sobresalen los contrastes, las ropas cortas y apretadas que se llevan con orgullo y el uniforme de camisa y pantalón que imponen los colegios. Son impresionantes óleos de un continente, en el que su gente parece añorar los buenos tiempos en que no llevaban ropa encima...

LOS PESOS PLUMA

Yo lo llamaría el sonido de la vida.
Lo que sigue es una especie de catálogo emplumado de pesos y medidas. Entre las aves también rige la ley de la acústica por la que a un cuerpo pequeño le corresponde un sonido agudo. Por el contrario, las llamadas de los grandes son más graves y rotundas.
Los pequeños se comunican por medio de tenues siseos, agudas estridencias y sutiles silbidos. Entre los pesos pluma, las aves con un peso corporal de unos pocos gramos, plumaje incluido, la finura es la norma.
En el palmares de los pequeños reinan los dos reyezuelos, el sencillo y el listado, los más livianos de nuestros pájaros. Siete u ocho gramos, y eso si están bien alimentados, producen al hablar un siseo pulsante, una señal que roza los límites de lo audible para los más duros de oído, que se propaga bajo las copas de los bosques. En ocasiones ser tan pequeño es una ventaja. De nuevo las normas de la acústica actúan, ya que los sonidos muy agudos, las vocecillas de los reyezuelos, resultan muy difíciles de localizar espacialmente. Y esto, en los bosques llenos de merodeadores, puede ser una gran ventaja.
El desvanecido canto de los reyezuelos contrasta con la voz aguda pero poderosa, de los chochines. Un gramo más de peso da para mucho, y el trino torrencial de estas aves, de carácter mucho más exhibicionista, estalla y se propaga con gran eficacia a distancia. De los ocho o nueve gramos del chochín emana pura potencia.
Frecuentemente, entre la espesura de las riberas se escucha el silbido del ruiseñor bastardo, una llamada tan imperativa que parece una orden. Estos pajarillos, que poco tienen que ver con aquellos de los que les viene el nombre, viven siempre ocultos entre la vegetación de las riberas. Son virtualmente invisibles, aunque su presencia nunca pasa desapercibida.
Los humedales, las encañizadas y carrizales de las orillas, son un buen escenario para los pesos pluma. Varias especies diminutas viven y cantan sobre los largos tallos sin llegar a flexionarlo con su peso.
Es el caso de la buscarla unicolor, con una voz ronroneante y continua que se parece más a la llamada de un insecto que a la de un ave. A pocos metros por encima, un pulso agudo, una señal intermitente, pespuntea el ambiente: silba un buitrón en pleno vuelo de demarcación territorial.
Volvemos a los bosques, pero aún dentro de la misma escala de tamaños y frecuencias. El catálogo de los sutiles se completa con la llamada del agateador común, nueve gramos siempre agarrados a los troncos. Y con la liviana y repetitiva melodía de los mosquiteros comunes, entre los más ubicuos por todo tipo de arboledas. Pasa, aguda, una bandada de mitos, la sutileza hecha voz. Y un carbonero garrapinos pone, al fin, el sentido del ritmo y del compás.
Todo este barullo procede de las gargantas de once pájaros. Entre todos ellos, no suman más de cincuenta gramos de peso.
Carlos de Hita

jueves, 21 de mayo de 2009

Norman Foster, Premio Príncipe de Asturias de las Artes

Norman Foster, uno de los arquitectos más influyentes del mundo, es el nuevo premio Príncipe de Asturias de las Artes. Con este galardón, la Fundación que otorga los premios reconoce la capacidad de la arquitectura para definir nuestro tiempo y hacer avanzar la cultura. Foster se suma de esta manera al firmamento de las estrellas de talla mundial que han recibido la distinción, como Margaret Atwood, Oscar Niemeyer, Paul Auster o Woody Allen, entre otros

http://www.elpais.com/articulo/cultura/Norman/Foster/Premio/Principe/Asturias/Artes/elpepucul/20090520elpepucul_3/Tes
http://www.fosterandpartners.com/Practice/Default.aspx

miércoles, 20 de mayo de 2009

El ancestro más primitivo de los humanos

Un equipo internacional de científicos acaba de presentar en Nueva York el ancestro más primitivo de los humanos y todos los primates modernos que se ha descubierto hasta ahora. Se trata de un prosimio relacionado con los antropoides, similar a lo lémures actuales, que vivió hace 47 millones de años en Grube Messel, cerca de Darmstadt (Alemania).
http://www.elmundo.es/elmundo/2009/05/19/ciencia/1242747421.html

Rostro de ti. Mario Benedetti.

" Tengo una soledad
tan concurrida
tan llena de nostalgias
y de rostros de vos
de adioses hace tiempo
y besos bienvenidos
de primeras de cambio
y de último vagón.

Tengo una soledad
tan concurrida
que puedo organizarla
como una procesión
por colores
tamaños
y promesas
por época
por tacto
y por sabor.

Sin temblor de más
me abrazo a tus ausencias
que asisten y me asisten
con mi rostro de vos.

Estoy lleno de sombras
de noches y deseos
de risas y de alguna
maldición.

Mis huéspedes concurren
concurren como sueños
con sus rencores nuevos
su falta de candor
yo les pongo una escoba
tras la puerta
porque quiero estar solo
con mi rostro de vos.

Pero el rostro de vos
mira a otra parte
con sus ojos de amor
que ya no aman
como víveres
que buscan su hambre
miran y miran
y apagan mi jornada.

Las paredes se van
queda la noche
las nostalgias se van
no queda nada.

Ya mi rostro de vos
cierra los ojos

y es una soledad
tan desolada. "