lunes, 2 de mayo de 2011

Los enamoramientos. Javier Marías.

"Qué fácil resulta la esfumación de alguien, pensaba. Basta con que cambie de trabao o de casa para que uno ya no vuelva a saber más de él ni a verlo en la vida. O incluso con que le modifiquen el horario. Qué frágiles son los vínculos tan sólo visuales."

"Cuando uno ha sido abandonado, se puede fantasear con un retorno, con que al abandonador se le hará la luz un día y volverá a nuestra almohada, incluso si sabemos que ya nos ha sustituido y que está enfrascado con otra mujer, en otra historia, y que sólo va a acordarse de nosotros si de pronto le va mal en la nueva, o si insistimos y nos hacemos presentes contra su voluntad e intentamos preocuparlo o ablandarlo o darle lástima o vengarnos, hacerle sentir que nunca se librará de nosotras del todo, que no queremos ser un recuerdo menguante sino una sombra inamovible que lo va a rondar y acechar siempre; y hacerle la ivda imposible, y en realidad hacerlo odiarnos. En cambio no se puede fantasear con un muerto, a no ser que perdamos el juicio, hay quienes eligen perderlos, aunque sea transitoriamente, quienes consientes en ello mientras logran convencerse de que lo sucedido ha sucedido, lo inverosímil y aún lo imposible, lo que ni siquiera cabía en el cálculo de probabilidades por el que nos regimos para levantarnos a dierio sin que una nube plomiza y siniestra nos inste a cerrar los ojos de nuevo..."

"Por favor, soy un hombre muy grave que se debate entre la vida y la muerte y además no tengo culpa, no he hecho nada para que me acuchillen, bajé de mi coche como tantos días y de repente noté un aguijón en la espalda, y luego otro y otro y otro en otras partes del cuerpo y ni siquiera sé cuántos, me di cuenta de que sangraba por los cuatro costados y de que me tocaba morirme sin haberme hecho a la idea ni habérmelo yo buscado. Déjenme pasar, se lo suplico, ustedes no llevan ni la mitad de prisa, y si hay una posibilidad de alvarme depende de que llegue a tiempo. Hoy es mi cumpleaños y mi mujer no sabe nada, aún me estará aguardando sentada en un restaruante y dispuesta a celebrarlo, me debe de tener un regalo, una sorpresa, no permitan que me encuentre ya muerto."

"¿Sabes cuál es una de las cosas peores? No poder enfadarme ni echarle la culpa a nadie. No poder odiar a nadie pese a haber tenido Miguel una muerte violenta, a haber sido asesinado en plena calle. Si lo hubieran matado con un motivo, porque iban por él, sabiendo quién era, porque alguien lo veía como un obstáculo o quería vengarse, qué sé yo, al menos para robarle..."

"Supongo que también él necesitaba enemigos, alguien a quien echar la culpa de su desgracia. Lo que hace todo el mundo, por otra parte, las clases bajas como las medias y las altas y los descladados; nadie acepta ya que las cosas pasan a veces in que haya un culpable, o que existe la mala suerte, o que las personas se tuerecen y se echan a perder y se buscan ellas solas la desdicha o la ruina. Tu mismo te has forjado tu ventura, pensé recordando, citando a Cervantes, cuyas palabras, en efecto, no se tiene ya en cuenta."

"Para qué esto y para qué lo otro, para qué el dinero, o un negocio y su urdimbre, para qué una casa y una biblioteca, para qué salir y trabajar y hacer proyectos, para qué tener hijos y para qué nada. Nada dura lo bastante porque todo se acaba, y una vez acabado resulta que nunca fue bastante, aunque durara cien años."

"Me imagino que sobre todos, pasada la desperación inicial, pasado el duelo, y esas dos cosas duran mucho, sumadas, le daría una pereza infinita todo el proceso. Ya sabes: conocer a alguien nuevo, contarle la propia vida aunque sea a grandes rasgos, dejarse cortejar o ponerse a tiro, estimular, mostrar interés, enseñar la mejor cara, explicar cómo es uno, escuchar cómo es el otro, vencer recelos, habituarse a alguien y que ese alguien se habitúe a uno, pasar por alto lo que desagrada. Todo eso la aburriría , y a quién no, si bien se mira. Dar un paso y luego otro, y otro. Es muy cansado y tiene inevitablemente algo de repetitivo y ya probado, para mí no lo quisiera a mis años. Parece que no, pero son muchos pasos hasta volver a asentarse."

"A nadie le agrada que le anuncien que no tiene posibilidades con alguien, aunque ese alguien no le interese ni se haya planteado conquistarlo. Muchas seducciones se han llevado a cabo, o por lo menos se han iniciado por despecho o desafío, sólo por eso, por una apuesta o para refutar un aserto. El interés viene luego. Suele venir en esas ocasiones, lo suscitan las maniobras y el propio empeño. Pero no está al principio, o en todo caso no está antes de la disuasión o reto."

"Este tiempo ha pasado, aunque sea el nuestro, y por eso no está en nuestras manos el final de nada, porque si dependiera de ellas todo continuaría indefinidamente, contaminándose y ensuciándose, sin que ningún vivo parsara jamás a ser muerto."



"... y a él era evidente que le agradaba y divertía mi compañia, desde luego en la cama pero también fuera de ella, y es esto último lo determinante, o si lo primero es necesario no basta, es insuficiente sin lo segundo, y yo contaba con ambas ventajas."




"ay de quien se echa un enemigo de estas características por débil y menesteroso que parezca ser; si uno no tiene ganas ni tiempo de deciarle la misma pasión y respnder con igual intensidad acabará sucumbiendo ante él, porque no es posible combatir distraído en una guerra, sea declarada o soterrada u oculta, ni menospreciar el adeversario terco, aunque lo creamos inocuo y sin capacidad de dañarnos, ni siquiera de arañarnos: en realidad cualquiera nos puede aniquilar, de la misma manera que cualquiera puede conquistarnos, y esa es nuestra fragilidad esencial. Si alguien decide destruirnos es muy difícil evitar esa destrucción, a menos que abandonemos todo lo demás y nos centramos sólo en esa lucha."




"A ninguno debe ofendernos que alguien se conforme con nosotros, a falta de quien fue mejor."




"Bueno, acaso su interlucitor era uno de esos hombres que tanto abunda, a los que sólo puede hablarse con un vocabulario determinado, el suyo, no con el que uno emplea normalmente, a los que más vale adaptarse siempre para que no recelen ni se sientan incómodos o disminuidos."




"Y al salir de la casa unos minutos más tarde, que pregunté, como siempre, si volvería a entrar allí. Sólo que esta vez no fue sólo con esperanza y deseo, sino que se mezclaron, qué fue; no sé si fue respugnancia, o pavor, o si fue más bien desolación."




"En toda relación desigual y sin nom bre ni reconocimiento explícito, alguien tienda a llevar la iniciativa, a llamar a proponer encontrarse, y la otra parte tiene dos posibilidades o vías para alcanzar la misma meta de no esfumarse y desaparecer en seguida, aunque crea que de todas formas será ese su destino final. Una es limitarse a esperar, no dar nunca un paso, confiar en que pueda añorársela y en que su silencio y su ausencia resulten insospechadamente insoportables o preocupantes, porque todo el mundo se acostumbra pronto a loq ue se le regala o a lo que hay. La segunda vía es intentar colarse con disimulo en la cotidianeidad de ese alguien, persistir sin insistir, hacerse sitio con pretextos varios, llamar no a proponer nada, eso está vedado aún, sino a consultar cualquiera cosa, a pedir consejo o un favor, a contar lo que nos ocurre, la manera más eficaz y drástica de involucrar, o dar alguna información; estar presente, actuar como recordatorio de uno mismo, tararear en la distancia, zumbar, dar lugar a un hábito uqe se instala imperceptiblemente y como a hurtadillas, hasta que un día ese alguien se descubre echando en falta la llamada que se ha hecho consuetudinaria, siente algo parecido al agravio, o es la sombra de un desamparo, e, impaciente, levanta el teléfono sin naturalidad, improvisa una excusa absurda y se sorprende marcando él."




"El mundo está lleno de perezosos y de pesimistas que nada consiguen porque a nada se aplican, después se permiten quejarse y se sienten frustados y alimentan su resentimiento hacia lo externo; así son la mayoría de los individuos, holgazanes idiotas, derrotados de antemano, por su instalación en la vida y por sí mismos."




"¿Por qué crees que los políticos mandan tropas a las guerras que declaran, si es que se molestan aún en declararlas? Ellos, a diferencia de los otros, no podrían hacer el trabajo de los soldados, pero es más que eso. En todos los casos hay una autosugestión enorme, que proporcionan la mediación y la distancia de lo que ocurre, y el privilegio de no presenciarlo. Parece increíble, pero así funciona, yo lo he comprobado personalmente. Uno llega a convencerme de que no tiene que ver con lo que sucede a ras de suelo, o en el cuerpo a cuerpo, aunque lo haya originado y desencadenado y haya pagado porque acontezca."





sábado, 23 de abril de 2011

Lope de Vega y Carpio

Dulce Filis, si me esperas,
de favor has de ir mudando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si fías en mis amores,
pon en sus llamas sosiego,
y si burlas de mi fuego,
no le atices con favores.
No es bien que encenderme quieras
sin favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.
A las del infierno ardiendo
es mi pena semejante,
que con el manjar delante
estoy de hambre muriendo.
Con tu esperar desesperas,
pues el favor que vas dando,
es mucho para burlando,
y poco para de veras.
Si mandas, ¿por qué no das?
si lo has de dar, dalo junto,
y si junto, dalo a punto,
y si no, no mandes más.
No es bien que engañarme quieras
con favor de cuando en cuando,
que es mucho para burlando,
y poco para de veras.

jueves, 24 de marzo de 2011

Javier Marías.

Hablé aquí hace poco de la tan estúpida como peligrosa manía de nuestra época de enmendar el pasado, o, en el mejor de los casos, de juzgarlo conforme a nuestros criterios y conocimientos actuales y mirarlo con condescendencia, pensando: “Qué tonta era la gente antes, o qué ignorante, o qué bruta, o qué injusta”, dando por sentado, además -en mi opinión sin base-, que nuestro tiempo no es injusto ni bruto ni ignorante ni tonto, o que lo es menos que cualquier otro anterior. Estaría por ver, y si uno echa un vistazo a la historia se encuentra a menudo con periodos que fueron infinitamente más bárbaros y primitivos que los que los precedieron. Nadie parece tenerlo en cuenta ni aplicarse la lección: la soberbia del presente es siempre de tal calibre que casi ningún individuo que viva en él puede admitir que la suya sea una época de decadencia o instalada en el error. Todo presente cree saber más que cualquier pasado -así es en la ciencia, pero en nada más- y poseer mayores “dosis” de verdad, como si el camino hacia ésta fuera siempre rectilíneo y dependiera tan sólo del avance de los días, los años y los siglos. Visto en perspectiva ese convencimiento, resulta tan absurdo como pensar que en Alemania se estaba más en lo cierto, en la razón, en lo verdadero y lo recto en 1936 que en 1926, por poner un ejemplo fácil. O que en España todo era mejor en 1948, en plena dictadura franquista, que en 1932, simplemente porque 1948 fue posterior.
Probablemente el primer tramo del siglo XXI será visto algún día como un periodo de particular ceguera, arrogancia y fatuidad. Hace poco hablé, ya digo, de las ínfulas de quienes se permiten suprimir de los textos de Mark Twain las palabras que hoy consideran “inconvenientes”, o de las consejerías andaluzas que deciden eliminar la legendaria frase de la madre de Boabdil (“No llores como mujer, etc”) porque menoscaba, según ellas, a todo el sexo femenino. Pero la plaga de engreimiento -es engreimiento y soberbia enmendarles la plana a los muertos, tachar lo que otros escribieron, modificar y falsear los hechos para adecuarlos a nuestro gusto- va mucho más lejos, y alcanza cotas ilusas para mí casi inconcebibles. Se pretende que se anulen consejos de guerra y juicios y que de ese modo se “rehabilite” a quienes los padecieron, lo cual, para empezar, es del todo imposible: si a un militar leal a la República lo juzgaron y condenaron los traicioneros sublevados franquistas, precisa y grotescamente por “traición”, ese hecho es inamovible, y que ahora venga un tribunal militar de 2011, que nada tiene que ver con uno ilegítimo de 1936, y deje “sin efecto” aquella condena, es sencillamente inviable y un brindis al sol, del mismo modo que la actual Iglesia Católica no está capacitada para “desagraviar” a Galileo, al cual sentenciaron quienes la representaban hace cerca de cuatro siglos. Tanto él como ellos llevan muertos casi otro tanto, y al uno como a los otros les trae por fuerza sin cuidado lo que unos fatuos actuales dictaminen a estas alturas, más que nada como gesto publicitario. No se puede deshacer lo hecho, y esto lo saben hasta los niños pequeños.
Una de las más recientes pavadas en este campo “intervencionista” y hueco ha sido la propuesta del Gobernador saliente de Nuevo México, Bill Richardson, de indultar póstumamente al neoyorquino William H Bonney, más conocido como Billy el Niño. Muy póstumamente en verdad, ya que, como se sabe, el sheriff Pat Garrett lo despachó a tiros del mundo en 1881, en Fort Sumner. Al parecer el Gobernador de entonces, Lewis Wallace (autor de la novela Ben-Hur y por tanto hombre de dinero y de fe a buen seguro), incumplió un trato que había hecho con el bandolero en 1879: dejarlo legalmente limpio a cambio de que testificara en el juicio por un asesinato que había presenciado, a lo que Bonney se avino. La falta de palabra de Wallace lo llevó a huir y a cargarse de paso a un par de individuos más. Al fin y al cabo seguía siendo un proscrito, pese a su colaboración y a su pacto, que la otra parte no respetó. De perdidos al río, supongo, que se dice en español.
Tras variadas dudas y un aluvión de emails procedentes de todo el mundo pronunciándose a favor o en contra del indulto (asombra la cantidad de tiempo libre de que disponen cantidades masivas de personas), Richardson consultó a unos nietos y biznietos de Garrett, los cuales, por razones tan obvias como vanidosas como pueriles, se opusieron tajantemente al perdón. El Gobernador no se ha atrevido a contravenir sus deseos, y ha añadido que al fin y al cabo el famoso bandido se había dedicado “al pillaje, al saqueo y al asesinato, tanto de quienes se lo merecían como de inocentes”. Llama la atención que este clarividente político de 2011 sepa qué víctimas se merecieron la muerte y cuáles no, pese a ser todas anteriores a 1881. Pero es lo de menos. Ni a los huesos de Billy el Niño ni a su variable leyenda les pueden inmutar lo más mínimo las decisiones muy póstumas de un Gobernador con ánimo de adornarse y de decir la última palabra sobre algo que no lo concierne y que no está en su mano cambiar. El propio Billy the Kid, a los veintiún años con que murió, sabía de qué iba el asunto mucho mejor que tanto presuntuoso adulto actual. En una entrevista quizá auténtica que el mismo año de su muerte le hizo en la cárcel un periodista de The Texas Star, al llamarle éste “Billy”, lo corrigió de inmediato: “Mr Bonney, por favor”. Y cuando el reportero le preguntó, hacia el final: “Y en cuanto a usted, ¿cree que perdurará en la memoria de la gente?”, respondió sin vacilar: “Estaré con el mundo hasta que éste muera”. Me pregunto qué diablos puede hacer para alterar eso cualquier soberbio enmendador de nuestro tiempo.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Empédocles (Grecia, 0493 aC-0433 aC) Poemas sobre la naturaleza y la purificación (fragmento)"

"Te diré otra cosa más: no hay nacimiento para ninguna de las cosas mortales; y no hay fin para la muerte funesta; hay solamente mezcla y separación de los componentes del conjunto. Nacimiento, no es más que el nombre que le dan los hombres a ese hecho. (...) Cuando los elementos mezclados vienen a la luz del día bajo la forma de hombre, o de bestia salvaje, o de una planta, o de un pájaro, entonces decimos que hay nacimiento; cuando se separan, empleamos la palabra muerte dolorosa. Pero ese nombre no se justifica, aunque también yo siga al respecto la costumbre. (...) Pues todos estos elementos: Sol, tierra, cielo y mar, están adaptados en sus diferentes partes para todo lo que anda por el mundo mortal. Y si todo lo que se muestra más propio de la mezcla se atrae recíprocamente, por la acción de la semejanza y del Amor, por el contrario lo que es enemigo de ella se mantiene a gran distancia; naturaleza, composición, formas que revisten, todo contribuye absolutamente a oponerse a la reunión, bajo el imperio del Odio que le ha dado nacimiento. (...) Los elementos predominan alternativamente en el curso de un ciclo y desaparecen los unos en los otros o aumentan, según el signo fatal que les es asignado. Son siempre los mismos, pero circulan los unos a través de los otros, tomando la forma de hombres y de diferentes especies de animales. Tanto, por efecto de la Amistad, se reúnen para no formar más que un solo organismo, tanto por el contrario, por efecto del Odio que les opone, se separan hasta el momento en que la Unidad, realizada anteriormente, ha desaparecido por completo. Así en la medida en que lo Uno y lo Múltiple se constituye, en esta medida aparecen y no duran eternamente. Pero, en la medida en que ese cambio perpetuo no se detiene subsisten siempre en un ciclo inmutable."